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Programar la lavadoraEl verano pasado nuestra lavadora se estropeó. En una casa con tres o más personas no se puede vivir sin lavadora. No se puede vivir hoy con nuestra mentalidad y circunstancias. Sé que en generaciones anteriores se las apañaban sin electrodomésticos y sin pañales desechables y todo eso nos suena a prehistoria. Me quito el sombrero. Volvamos a la muerte de nuestra lavadora: tenía unos diez años y por tanto había llegado su hora. Ni nos planteamos repararla. Directos a comprar otra. Lo que debía resolverse en 48 horas -una eternidad para nuestro ritmo de coladas- se alargó. Mi vecina y amiga Bego socializó su máquina para que el tema de la ropa no se convirtiera en una auténtica avalancha fuera de control. La llegada del nuevo aparato me devolvió la tranquilidad perdida. El proceso de la ropa en una familia es uno de los ejes fundamentales de trabajo. Lee el resto de esta entrada »

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Para disfrutar de nuestro propio armario limpio y ordenado debemos invertir tiempo en su cuidado. Dos veces al año la mayoría de los humanos debemos pagar el peaje del cambio de armarios. La falta de espacio nos obliga a dividir nuestro ropero según la temporada de invierno o de verano. Algunas piezas “comodín” tienen el privilegio de disfrutar de cobijo todo el año por su condición de ser de “entretiempo”. Lee el resto de esta entrada »

Este año es el de la popularización de las bolsas para guardar ropa al vacío. Sí, sí, como los alimentos. La casa Rayen, que está muy bien distribuida en ferreterías, supermercados e hipermercados, comercializa tallas diferentes. Se trata de una bolsa de plástico para guardar ropa. La peculiaridad es que tiene una malla por la que se introduce el tubo del aspirador para succionar todo el aire. De esta manera, se prensan las prendas que hemos introducido y se reduce mucho el volumen. En esta época de cambio de ropa, nos encontramos con prendas aparatosas como plumones, rellenos de nórdicos, mantas y jerseis. Estas bolsas permiten guardar de forma hermética la ropa ya limpia y ganar espacio en nuestros armarios. Lee el resto de esta entrada »

Hace unos días conocí de primera mano la ropa de cama y de mesa de Carmen Borja. Pasaron por Barcelona y expusieron buena parte de su catálago en un espacio acorde con la calidad de sus telas, el Palauet. Se trata de un edificio modernista en perfecto estado de conservación, una pequeña gran joya ubicada en la parte alta del Paseo de Gracia. Obra del arquitecto Pere Falqués, conocido por diseñar la iluminación de las farolas del paseo donde está unicado, ofrece su espacio para eventos diversos. Carmen Borja tiene una clientela consolidada en Madrid. Sus fieles acuden a la cita anual que celebran en un céntrico hotel del barrio de Salamanca.

Con la presentación de Barcelona abren un nuevo mercado y se ubican en tres tiendas importantes de la ciudad como Luzio, Maison Decor  y  Molins Interiors. Allí tendrán un espacio permanente con parte de sus productos y el catálogo siempre a mano para cualquier pedido. Me gustó mucho la amplia oferta de esta firma con sede en Asturias. Últimamente hemos llegado a un punto de estandarización de la ropa de cama. Es difícil encontar cosas diferentes. Creo que es importante que haya ofertas de calidad como la que ofrece esta firma, con diseños diferentes y personalizados. Hay modelos clásicos y otros más modernos pero con un sello especial. Las fundas nórdicas ofrecen la posibilidad de convertirla en sábana en la época más calurosa.

En la ropa de mesa, hay modelos fabricados hoy que recuerdan a los de nuestras abuelas y también telas que se combinan con ribetes, caminos de mesas o individuales. El blanco en piqué, algodón,lino u organza está muy presente pero también los tonos piedras, las rayas o los cuadros. Un lujo de ropa. Los precios son elevados. Todos sus modelos se pueden lavar en casa. Puede ser un regalo anual para la casa y para disfrutarlo todos. A veces una pieza así en la mesa o en la casa viste y decora como si renovarámos toda la decoración. Me parece estupendo que existan firmas que busquen la excelencia y la elegancia en la ropa de casa. Al mirarlos uno sueña con un palacio en nuestra casa.

Podéis consultar el catálgo en: www.carmenborja.es

Mi amigo Albert es una fuente inagotable de información, mejor si es polémica. Nos pasamos el día comentándonos temas que sabemos le interesan al otro y de ese intercambio siempre salen cosas positivas.

Primero echad un vistazo al siguiente enlance:

http://www.lavanguardia.es/gente-y-tv/noticias/20101022/54055106818/ropa-tendida-si.-ropa-tendida-no.html

Ahora pasemos a las realidades de nuestros hogares. Hasta hace cinco años no he tenido secadora en casa. Siempre he tendido la ropa. Lamentablemente en un patio interior. Es una actividad que tengo muy asumida. Hago una media de dos lavadoras diarias y si tirara de secadora la factura eléctrica sería astronómica. Me gusta tender la ropa en orden y emparejar calcetines y piezas de la misma categoría. Además sé que el uso continuado de la secadora acelera el desgaste de la ropa. En verano, puedo tender discretamente en un rincón del porche del apartamento donde pasamos esos meses. Es otra cosa. La colada se seca en poco tiempo y la ropa blanca deslumbra.

Cuando visitas una ciudad o población que no es la tuya, la ropa tendida a la vista delata que estamos en un barrio humilde o sencillo. En esos edificios no hay alternativas y la gente airea sus prendas sin complejos. A medida que ascendemos en la escala social, los tendederos quedan ocultos o las viviendas ofrecen espacios camuflados con bonitas persianas de lamas que ocultan la ropa colgada. Apelar a la estética para defender el uso de la secadora es discutible y, sin duda, inaceptable para algunos.

Tender la ropa forma parte de las rutinas domésticas. La ropa se lava, se tiende, se seca, se destiende, se dobla y se plancha. En algunos casos, la secadora puede sacarte de un apuro -un día lluvioso- o dejar esponjosas tus toallas, como comentábamos el otro día. A parte del argumento económico, tiene peso el ecológico. La secadora es uno de los electrodomésticos que más energía consume. Cada uno hará con su colada lo que quiera, siempre que no inoportune a su vecino. No vale colgar una sábana y dejar sin vista al ocupate del piso de abajo, ni tender la ropa encharcada mojando a diestro y siniestro. Pero me parece interesante que surjan debates sobre estos temas -antes casi tabús- de forma natural. Compartir experiencias domésticas nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida.



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