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cama Lexington

Juego de cama de Lexington

Me llama mi madre y me recluta para que la ayude a poner orden en un armario donde guarda la ropa de casa. Sabe que tiene el sí garantizado. Además de satisfacer su petición, compruebo una vez más mi gusto por ordenar -o actualizar- espacios domésticos. Y, aunque está mal decirlo, es una tarea que se me da bien. Antes de que la japonesa Marie Kondo nos adoctrinara con su método, yo -como tantos de vosotros- ya había tenido buenas experiencias que demuestran que orden y limpieza son verbos clave para tener una vida más apacible. La premisa para que el objetivo funcione es querer ordenar. Después hay que dedicarle un tiempo -limitado- y finalmente ponerse manos a la obra con determinación y firmeza. Lee el resto de esta entrada »

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Mi amiga Lourdes, que se mueve entre fórmulas matemáticas como pez en el agua, me manda este mensaje: “El orden de tu cuarto no altera el producto… altera a tu madre!!”. ¡Es genial! Real como la vida misma pero dicho con gracia. Al momento reenvío la misiva a mis hijas por el grupo de whatsApp que compartimos. Contestan al instante con interminables “ja,ja”. Ahí se acabó el tema. La fórmula ingeniosa refleja una realidad casi universal: las madres no podemos con el desorden de las habitaciones de nuestros hijos. Parece que está bien documentado que el hijo adolescente se reivindica en su espacio y que es bueno respetarlo. De acuerdo, pero no es fácil. Leí hace poco un reportaje que señalaba la importancia de que nuestros hijos tengan en su cuarto los objetos y elementos con los que se identifican -sus fotos, pósters, libros, recuerdos…-. La pregunta es si esa decoración implica siempre el caos. Lee el resto de esta entrada »

Empieza la cuenta atrás. Cinco, cuatro, tres, dos, uno…¡final de curso! Una vez más ha pasado volando. Llevamos semanas en las que se respira en el ambiente que esto se acaba; que el calor se ha instalado definitivamente; que no hay quien se levante por la mañana ni quien se acueste por la noche; que buscamos en la nevera otros sabores y que las agendas se llenan de citas y festivales de fin curso. Lee el resto de esta entrada »

Para disfrutar de nuestro propio armario limpio y ordenado debemos invertir tiempo en su cuidado. Dos veces al año la mayoría de los humanos debemos pagar el peaje del cambio de armarios. La falta de espacio nos obliga a dividir nuestro ropero según la temporada de invierno o de verano. Algunas piezas “comodín” tienen el privilegio de disfrutar de cobijo todo el año por su condición de ser de “entretiempo”. Lee el resto de esta entrada »

El otro día salí de casa en busca de una solución para la magia de mi marido. Sí, magia. Os explico. Todo empezó hace un par de años cuando el peque de la casa tenía tres años. Cuando mi marido llegaba a casa por la noche y él aún estaba despierto le llamaba. Entonces el papá le decía: “¿Cuáles son las palabras mágicas?” Y él contestaba :”Jamalají, jamalajá, algo interesante del bolsillo de papi saldrá”. Con este juego hemos acumulado un verdadero arsenal de objetos mágicos. No importa que Nicolás sepa que la magia se nutre de una bolsa que su padre tiene escondida en su armario. La sigue reclamando. Ultimamente no sabía dónde meter dentaduras, narices con gafas, fundas para dedos, ojos, calaveras y demás objetos. Compré en una tienda (Tengo idea) una caja con seis compartimentos donde la magia luce ordenada. Gracias a este recipiente se ha salvado de desaparecer “magicamente”. Materia en la que soy una experta.

Cuando voy a Ikea siempre acabo comprando alguna caja práctica y bonita. Hay unas muy útiles con velcro y una cara transparente para guardar zapatos. También para guardar fotos. En la zona infantil adquirí unas pequeñas cajas de plástico de colores diferentes para pequeños objetos como cromos, canicas o pins. El otro día repasando mentalmente la casa comprobé que tenemos un montón de cajas. Y que si las juntáramos todas montaríamos una torre que podría competir en altura con algunas famosas en el mundo por su altura.

Hay cajas para guardar tarjetas de visita, para agrupar clips y gomas de pelo, para ordenar la bisutería, para almacenar animalitos de plástico, para agrupar CDs, para las medicinas, para los adornos de Navidad, para los recuerdos importantes, para…mil cosas, sin contar las cajas grandes transparentes para la ropa, los disfraces o los vestidos de la Primera Comunión. Observo que tengo tendencia a agrupar cosas del mismo género en busca de orden. La variedad de modelos que hoy en día se pueden encontrar fomenta que a veces compre la caja y después piense en cómo llenarla. Algunas quedan placidamente colocadas en un armario o en un estante y, al cabo del tiempo, se convierten en una caja de sorpresas.

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