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bibliotecaEstoy en plena lectura de Ciudad en llamas (Random House), del escritor americano Garth Risk Hallberg. Son mil páginas de inmersión en el Nueva York de los setenta en diferentes espacios de la ciudad y ámbitos sociales contrapuestos. No puedo dar todavía una opinión definitiva. Su autor reside temporalmente en Barcelona y ha vivido su primer Sant Jordi. “Debe de haber algo en el aire que respiran por aquí, o tal vez en el paisaje, porque me resulta imposible encontrar nada parecido a Sant Jordi en ninguna parte del planeta”, escribió el día después en las páginas de La Vanguardia. Lee el resto de esta entrada »

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Lo que queda después de Sant Jordi en nuestra casa es un jarrón con las rosas en agua y un nuevo montón de libros pendientes de leer. Sant Jordi es la gran fiesta. Ese día hay que salir de casa, abandonar el dulce hogar y agotarse en las calles curioseando paradas de libros, reconociendo caras de autores conocidos, comprando libros deseados y adquiriendo rosas. Este Sant Jordi he vuelto a coincidir con mi marido Sergio Vila-Sanjuán, que presentaba Código best seller, en una librería para firmar libros. Es el segundo año que nos pasa, muy grata experiencia pero gran exigencia que esto se convierta en costumbre. Estuve en varios puestos de la ciudad. Mi hija Leti me acompañó como buena editora, que seguro será. Lo de menos fue firmar -fueron algunos pocos- y lo más intersante observar y descubrir cuántos acontecimientos se producen alrededor del mundo del libro.

El Día del Libro tuve el placer de volver a conversar con María Dueñas, autora del delicioso El tiempo entre costuras, que trabaja ya en una nueva novela; de compartir el optimismo de Antoni Bolinches, autor de La felicitat no té preu ; de ver a mi lado fenómenos como el de la autora juvenil Laura Gallego; o superfenómenos como el  de Albert Espinosa en cuyas filas de fans había varias personas dicapacitadas y muchos jóvenes y adolescentes entusiastas; de descubrir a Alejandro Palomas, finalista del premio Primavera de novela con El alma del mundo -una de mis futuras lecturas-; de reencontrarme en poco tiempo con las autoras Gemma Cernuda o, después de mucho, con Sylvia de Béjar, que presenta Deseo; o de disfrutar de esas visitas cariñosas -Pili y Javi, Merche  y Carlos, Mercè, Ana, Víctor- de amigos o familiares.

Y al volver al hogar, las rosas en agua nos recuerdan los afectos y los gestos de los que nos quieren. Y los libros las pasiones y aficiones de cada uno de los de casa. Así el pequeño tiene un nuevo volumen de Geronimo Stilton; mi otro hijo, un libro sobre fórmula 1; la mayor, nuevas incorporaciones literarias; la segunda, libros de vida, de casos reales, que es lo que le gusta; mi marido más de literatura y mundo del libro y yo nuevas novelas. Dicen que si después de los cuarenta sigues leyendo novelas es que no has madurado (???). Estoy con Los enamoramientos del gran Javier Marías. Sant Jordi redecora nuestro hogar con sus símbolos de la rosa y el libro. ¡Hasta el próximo año!

La llegada del buen tiempo desata la euforia de las dietas. En muchas casas, hay alguien que está haciendo régimen. En la mayoría de los casos, no hablamos de gente enferma o con obesidad sino de personas que quieren mejorar su imagen. Y el canon imperante tiende a la delgadez. Nuestra sociedad opulenta y del primer mundo hace dieta.

En otro capítulo se encuentra la nueva bibliografía sobre dietas que apelan a cuestiones de salud. Me interesa mucho el tema. Así que me leo el libro de Loren Cordain, La dieta paleolítica (Urano), y el de su dícipulo Robb Wolf, La dieta Paleo (Cúpula). Cordain recoge sus investigaciones en nutrición y dietética y las de muchos otros colegas que postulan que la dieta de la edad de Piedra es la natural para el ser humano. Los avances agrícolas y de manipulación de los alimentos han introducido elementos negativos para nuestro organismo, postula. Wolf está en la misma línea y aporta más tipos de menús como ejemplo. Esta dieta, que triunfa entre deportistas, promete al que la siga pérdida de peso y parámetros corporales saludables. Podemos resumir sus postulados en siete puntos:

– Comer proteínas de origen animal

– Eliminar la ingesta de carbohidartos procedentes de cereales, túberculos feculentos o azúcares refinados. Obtenerlos de la fruta

– Consumir fibra a través de frutas y verduras no feculentas

– Consumir grasas de forma moderadas. Apostar por las mono y polinsaturadas

– Consumir alimentos con portasio y bajos en sodio

– Comer alimentos que tengan una buena carga alcalina

– Comer alimentos que nos aporten sustancias fitoquímicas, vitaminas, minerales y antioxidantes

Me leo también La Biblia contra el cáncer (Temas de Hoy), de David Khayat, jefe de oncología del Hospital de la Pitié-Salpêtrière en Francia. El experto nos muestra extensas tablas de alimentos y su valoración respecto al cáncer; cuáles son beneficiosos para el organismo y cuáles pueden ser estimulantes de la enfermedad.  Define cinco reglas de oro vitales. Son:

– No fumar

– Diversificar la alimentación

– Diversificar los modos de preparación

– Consumir prioritariamente productos de la tierra

– Adaptar el balance enérgetico (es decir, menos calorías, más actividad física)

Aquí hay coincidencias y discrepancias con el Anti-Cáncer (Espasa) de Servan-Schreiber. Consenso en lo beneficioso de las verduras, del té verde, de especias como la cúrcuma, de la soja, los tomates o la granada, pero matices en los momentos del día en que son más beneficiosos. La carne roja defenestrada por Servan-Schreiber no lo es por Khayat. Y el pescado, pues depende del tamaño y de la especie. Tampoco hay consenso en el tema de los lácteos. Khayat señala que no todo el mundo debe comer lo mismo y presenta diferentes ejemplos según el género, la edad o la etapa hormonal. Es menos taxativo en las prohibiciones. Para aquellos que sufren cáncer o que han pasado por él, la alimentación se convierte en un tema de primer orden.  ¿A quién hacer caso?

Podríamos decir que existen unas pocas pautas de sentido común alimentario: productos fresco de buena calidad, una dieta rica en verduras y frutas y no abusar de las grasas. Pero cada persona tiene unas rutinas, un metabolismo, unas intolerancias -conocidas o intuidas- que le llevan a saber qué alimentos le favorecen y cuáles no. Los libros divulgativos del cardiólogo Valentí Fuster van en esta línea: inculcar desde la infancia una alimentación sana, variada y equilibrada. Sin duda, un buen patrimonio para nuestros hijos.

Enlace relacionado: Dieta anti-cáncer I

Cuando ya hemos arrancado el curso y hemos superado esos días malos de adaptación de sueño, comida y trabajo, aparecen de nuevo los libros. Reaparecen los libros del curso escolar de nuestros hijos. En el colegio han revisado que compramos los acertados, que era la edición correcta y que no faltaban ni sobraban páginas. Y, ahora, de nuevo la pelota está en nuestro tejado. Hay que forrar los libros. He visto discutir a algunas familias por este tema. He percibido cierta tensión entre parejas con más de un hijo, con poco tiempo y menos ganas para afrontar la tarea de forrar un buen montón de libros.

Parece que en las casas suele haber una sola, y única, persona dotada para este trabajito. Esa persona lo hace bien porque con los años ha cogido experiencia, porque le gusta y disfruta o porque sino lo hace ella no lo hace nadie -y puestos a hacerlo, se esmera-. ¿Esa es ella? ¿Es mujer la persona que forra los libros?. En mi entorno, sí. Mujeres que después de su jornada de trabajo se plantan en una mesa dos o tres noches a forrar los libros de sus hijos. Y son capaces de hablar con los demás o de seguir una serie de televisión.

Cuando éramos pequeños, vendían en las papelerías fundas de plástico de diferentes medidas. Duraban lo que duraban. Se rasgaban, soltaban o perdían. Después entramos masivamente en la era aironfix. Pero, como dice Lourdes, aironfix es un genérico. Y no todos los rollos que compramos son iguales. Hay varios grosores y texturas. Unos mejores que otros, generalmente más caros. Al empezar a forrar el primer libro, vas despacito, midiendo aquí y allá, revisando con un cúter las esquinas, intentando que sobre la misma cantidad de un lado que de otro. Poco a poco vas cogiendo el ritmo. No permitas que nadie se queje a tu lado de si quedan burbujas o dejan de quedar. Los pliegues se pueden corregir. Levantas el plástico y vuelves a colocarlo. Las burbujas se van disimulando con el peso de los otros libros encima. Y hay quien disfruta jugando con ellas.

Eulalia, educadora veterana, nos ha liberado este año de forrar libros. Dice que las tapas son duras y que llevan espiral. No lo ve necesario. Su iniciativa ha sido recibida con entusiasmo por las mamás que tenemos más de un hijo en edad escolar. Un montón menos. También llega una edad en que nuestros hijos piden forrarse ellos mismos los libros. Traspasemos el relevo sin miedo.

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