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El mes de septiembre es tan empinado como el de enero con su famosa cuesta. Al volver de vacaciones, afrontamos buena parte de los gastos del nuevo curso escolar. La despensa está a mínimos y el congelador vacío o semi vacío. El reto de la comida diaria es siempre un trabajo ingenioso. Ahora además hay que ajustarse a un presupuesto más restringido. El querer es poder funciona mucho en la cocina. Hay que echarle ganas para que el resultado sea atractivo.¿Cómo llegamos a octubre? Lee el resto de esta entrada »

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Estamos en una de esas épocas del año en que con frecuencia padezco el síndrome del nido y sucumbo a pulsiones de orden y limpieza. Busco que las cosas -cuantas menos, mejor- estén en su sitio y que el entorno sea nítido y esté resplandesciente. Estos días le ha llegado el turno a los armarios de la cocina. Usados a diario, vaciados y rellenados constantemente, sufren el desgaste de las huellas de bases húmedas o cercos de recipientes no del todo limpios. Es hora de ir actualizando cada uno de ellos de forma ordenada y sistemática. Lee el resto de esta entrada »

Mi  hijo de casi catorce años, alto y delgado y con un pie gigantesco (45), me pide al reiniciar el colegio que le sorprenda con platos innovadores este trimestre. El primer día le digo que será complicado porque los lunes no son buenos para comprar producto fresco. Decido sacar unas lionesas que tenía en el congelador como postre y lo agradece enormemente. Lee el resto de esta entrada »

Leo en Facebook un comentario de mi hermano en el que habla de que es hora de recoger el árbol, los adornos, de subirlos al altillo, de la vuelta al cole… “Suficiente”, dice para acabar. Lee el resto de esta entrada »

La patata es ese tubérculo tan utilizado que trajeron a Europa los conquistadores españoles y que se extendió rápidamente.  Ha sido y es un producto básico para la alimentación de muchas comunidades a través de los tiempos. Y esa sensación de que con unos kilos de patatas en casa podemos sobrevivir en situaciones extremas está arraigada en nuestras conciencias. Siempre compramos patatas. Y cuántas veces las compramos al azar en función de la bolsa que nos convenga en ese momento -de 3, 5 ó 10 kg-. Y cuántas veces la compramos a granel en la frutería y preguntamos una y otra vez qué tipo de patata es mejor: la blanca o la roja. Y entonces nos devuelven la pregunta de para qué la queremos: para freír o para hervir. Ese cuestionario es un ritual. Después solemos comprar un solo tipo y la usamos para todo.

Pero uno de los pocos patateros que quedan en Barcelona, nos explica que no llegan a diez las personas que venden solo patatas en los mercados de la ciudad. Saben mucho de patatas y de qué en determinados barrios si el precio supera el euro cuesta más venderlas. Ignorante, pregunto cuál es la temporada de este tubérculo, ya que siempre hay una buena oferta. Me señala que la temporada dura de septiembre a enero pero que encontramos todo el año porque aparece la patata denominada nueva que se cultiva para no dejar un vacío en el mercado. Ocurre lo mismo con las cebollas. La variedad de Figueres se acaba, las que quedan son antiguas. Ahora surge la blanca, y la apreciada Fuentes de Ebro, dulce y gustosa, que empieza a venderse en julio.

La patata nueva contiene más agua que la vieja y es má ligera. Es curioso pero cuando en una casa se compra un tipo de patata y un tipo de cebolla, dificilmente nos salimos del guión. Al hablar con el patatero me entran ganas de comprar varias y etiquetarlas para disfrutar de las variedades. Comenta el experto que la patata que es amarilla no es buena ni para hervir ni para freír; y que las patatas del país vecino, Francia, tienen fama pero son insípidas. La patata, rica en hidratos de carbono, vitamina C y minerales, tiene múltiples aplicaciones en la cocina. Ahora que se acerca el calor, la patata hervida y troceada nos sirve como base de una ensalada con tomate, atún, aceitunas y huevo duro. Muy refrescante.

Recuerdo que en una excursión a la zona de Olot nos recomendaron una patata de la zona, la  Bufet, muy valoradas en determinadas zonas agrícolas, de producción limitada y muy valorada en gastronomía. Su apariencia poco tersa y terrosa nos recuerda que sale del campo. Nos hemos acostumbrado a las patatas de piel tersa y brillante, que no manchan las manos.  Entre las blancas las más conocidas son las Kennebec -para fríe- y Monalisa -para todo uso-. De las rojas, denominadas así por su piel de color más morada, destaca  la red Pontiac, adecuada para cocer.

Y hablar de patatas nos lleva a la tortilla de patatas, a las bravas y a unas maravillosas patatas fritas. Aquí os dejo un enlace para conseguir unas muy crujientes: http://www.gastronomiaycia.com/2009/05/29/como-hacer-patatas-fritas-crujientes/

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