Adorno Navidad 19Quise escribir una nueva entrada en el blog cuando el otoño asomaba la cara y lo acabo haciendo a las puertas del invierno. Las transiciones temporales me siguen despertando pulsiones de hogar, que tienen que ver, entre otras cosas, con el acondicionamiento de la casa y con la renovación gastronómica. Repeticiones y rutinas que he ido compartiendo con vosotros durante una década. Lo mismo y a la vez diferente cada año. Siento que ya conocéis la esencia compartida: el hogar como refugio y bálsamo de nuestras vidas, como espacio personal y social y como depositario de nuestros afectos y devenires personales.

Así que rastreando en post anteriores escritos por estas fechas encontrareis en qué ocupo buena parte del tiempo estas semanas. Se impone con los años la reivindicación de las personas, la presencia, el encuentro… la tribu, a la que siempre se refiere nuestro filósofo de cabecera, José Antonio Marina. Estas navidades nuestras dos hijas volverán  a casa aunque sea con las horas contadas y reforzarán la tradición de estar todos juntos. Tendremos sus voces en directo y sus experiencias. Planificamos ya el reagrupamiento en torno a la mesa de la cocina con algunos de los platos que añoran. En eso consiste celebrar.

En las últimas fechas también hemos sentido como amigos cercanos han vivido pérdidas, accidentes y contrariedades. Una vez más esos golpes de realidad nos resitúan, nos centran, y transitoriamente -suele ser así- nos impregnan de sensatez y de conciencia del privilegio de nuestra condición. Por eso reivindicar la vida, la tribu y el hogar es festivo. La Navidad y el invierno propician muchos momentos cotidianos en casa: conversar, comer o descansar. Es un tiempo ideal para envolverse con una manta y leer, escuchar música o ver una serie.

Comparto un reportaje que publiqué recientemente en Culturas/s de La Vanguardia que incluye muchos libros de experiencias, de esas que interpelan y  hacen pensar. Añado dos títulos que desbordan vida. El Colgajo (Anagrama), de Philippe Lançon, es una lectura que me ha quedado dentro. No puedo olvidar lo que cuenta ni cómo lo cuenta. Magistral. Agradezco también a Manuel Vilas que haya alargado su exitoso Ordesa  (Alfaguara) en Alegría (Planeta), finalista del Premio Planeta 2019. Es delicado y personal, sí, pero hay episodios en que cada lector se reescribe.

Hace unos años que uno de mis momentos de hogar preferidos está asociado, gracias a la recomendación de mi hija mayor, a los veinte minutos de desconexión que dedico a escuchar el podcast  Modern Love. De nuevo la existencia. Algunas de estas historias reales publicadas a lo largo de los años en una columna de The New York Times conforman también una mini serie que acaba de estrenar Amazon prime. Mi hija Leticia consigue, que sin moverme de casa, deambule por Nueva York. Le pasan cosas de película y siempre descubre propuestas culturales interesantes y estimulantes. Os invito a seguir su newsletter Maneras de estar cerca. Vale mucho la pena.

Igual que se abre la ventana de Nueva York se abren otras a las que nos sentimos vinculados. ¡Hay tantas en el mundo!  Muchas de ellas muestran un paisaje que requiere mucho riego y nuestra implicación. Desde que escribí el libro sobre Isa Solá, Haití está cerca. La Fundación Juntos Mejor canaliza las ayudas a los proyectos en ese país, que está actualmente en una situación de extrema emergencia. Mi hermano, que vive en Italia, está implicado con la Fundación del Policlinico San Donato de Milano. Se trata de una proyecto que permite que niños de diferentes países sin recursos puedan ser operados de las cardiopatías que padecen.

Navidad nos devuelve el misterio de hace más de dos mil años y nos impulsa a reivindicar la bondad y la solidaridad. Os deseo unas felices fiestas y que el próximo año sea un año de paz.