FPA Sylvia Earl

La oceanógrafa Sylvia Earl explica lo que ha visto en sus inmersiones. Imagen FPA

La semana (3-9 junio) del reto a no comprar productos envueltos en plástico ha pasado, pero el objetivo persiste. Si habéis visto algunos de los vídeos que estos días circulaban por la red es una verdadera locura el abuso de plástico para empaquetar un simple pepino, un plátano o una manzana. Las noticias sobre los efectos nefastos que el uso irresponsable de este material causan al medio ambiente proliferan. Parece que no hay lugar en el planeta libre de estos residuos. Tampoco hay océano exento de ellos. Los peces sufren sus consecuencias. Nosotros, también. Los médicos alertan de la presencia de micropartículas de plástico en nuestro organismo, que llegan, por ejemplo, por el consumo reiterado de productos en envases de plástico de un solo uso.

La alarma está activada. Cada uno de nosotros puede ayudar a frenar esa inercia destructiva. La pedagogía empieza en nuestros hogares. El reciclaje ya se da por sentado. Reutilizar también está en nuestras manos y en el de las empresas. Nuestros hábitos tienen que cambiar. El otro día en casa surgió una lluvia de ideas para incorporarlas a nuestro día a día: usar tarteras de cristal para conservar alimentos, cepillos de dientes de bambú, limitar los envoltorios de papel film, compra a granel…

La octogenaria oceanógrafa norteamerica Sylvia Earl es una voz autorizada que lleva décadas explicando lo que ha visto en sus más de 7.000 inmersiones. Los fondos repletos de biodiversidad son ya reliquias. La destrucción de especies y plancton amenaza todo nuestro ritmo vital. El año pasado en Oviedo le oí defender con pasión la atención al mar como esperanza para la tierra. “Sin azul, no hay verde” y “sin océano, no hay vida”, clamó. Desde hace diez años trabaja con patrocinadores y equipos para la conservación de mares y océanos (Mission Blue)

Hay otras iniciativas colectivas a las que podemos incorporarnos para limpiar bosques y mares. Cuando los surfistas Alex Schulze y Andrew Cooper descubrieron en zonas apriori paradisíacas la cantidad de basura que aparecía entre las olas idearon 40ocean, un proyecto de limpieza de mares y océanos cuyo símbolo es una pulsera hecha con materiales recuperados y reciclados. Es un movimiento que quiere frenar a toda costa que en 2050 haya en las aguas más plásticos que peces.

También el proyecto LIBERA impulsado por SEO/BirdLife con Ecoembes hace batidas por bosques y costas para acabar con la “basuraleza”. El 15 de junio es la próxima cita para unirnos a estas brigadas ciudadanas de limpieza. Greenpeace y otras entidades también organizan expediciones de este tipo. La recolección de residuos comporta una gran cantidad de datos sobre esa basura que bien procesados pueden ser muy útiles para las empresas y los usuarios. Así nacen diferentes aplicaciones para cribar esa información. Pienso en el buen trabajo que pueden hacer nuestros actuales universitarios desde diferentes facultades.

El reciente cortometraje Lemon, presentado por la Fudación Reina Sofía, es una herramienta visual para hacer pedagogía sobre el problema con el medio ambiente. La cervecera Damm centra su anuncio de este año de Estrella Damm en este tema y trabaja para eliminar las anillas de plástico de las latas. Es lo bueno del efecto contagio.

Los fondos de los mares y los rincones del planeta nos devuelven la basura que creíamos que engullían sin consecuencias. Ahora que con el buen tiempo buscamos el contacto con la naturaleza, no podemos taparnos los ojos ni mirar para otro lado. Nos toca arremangarnos y actuar para desterrar la b(asuraleza) y devolver la n(aturaleza)  al planeta. A ser posible, en mayúscula.

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