Jon Kabat-ZinnLa práctica de mindfulness, una forma de meditación que apela a centrar la atención en el aquí y ahora, está muy extendida en nuestra sociedad. Hay una amplia oferta de talleres, cursos, programas, sesiones y clases que nos acercan al tema. Existe también una vasta bibliografía que presenta esta práctica a personas de todas las edades y condiciones. El médico Jon Kabat-Zinn fue el introductor de este concepto, que ha desarrollado en diversos libros. Uno de ellos es Mindfulness en la vida cotidiana (Paidós). Explica Kabat-Zinn cómo hay técnicas para despojar nuestra mente de todo tipo de interferencias y murmullos para recuperar el silencio interior. La conciencia plena funciona como un antídoto del estrés y la ansiedad.

Tras acudir a una jornada sobre mindfulness,  no puedo evitar trasladar esta manera de percibir, sentir y vivir cada momento al ámbito doméstico. En las tareas del hogar muchas veces funciona el modo piloto automático, la inercia arraigada de realizar determinadas funciones de forma mecanizada. La avalancha de trabajo que se genera a diario en una casa requiere sin duda técnicas de relajación que nos ayuden a gestionar mejor.

Se habla de mindfulness en el hogar de un modo similar al Feng Shui: nuestras casas pueden proporcionarnos espacios de relajo gracias a un cuidado del entorno (decoración minimalista, limpieza y orden, vegetación, ausencia de tecnología, materiales naturales…). Más allá del marco, del contexto, me interesa cómo lo aplicamos en las actuaciones que realizamos en casa. La filosofía del mindfulness nos lleva a prestar atención a los detalles y a tomar decisiones de forma más consciente.

A una de mis hijas le cayó, mientras colgaba la ropa, una prenda unos pisos más abajo y se le hacía una montaña ir a reclamarla. De hecho, miró de qué se trataba, valorando si valía la pena o no ir a por ella. Pocos días más tarde a otro miembro de la familia se le fue la mano con la temperatura de la plancha. El resultado fue una prenda agujereada y la superficie del aparato teñida de negro. Otro descuido acabó con la vida de un juego de té, de un jarrón, de una silla…

No digo que esas cosas no pasen accidentalmente pues ocurren pero en muchas ocasiones las tareas de casa parecen no tener entidad suficiente como para prestarles toda nuestra atención mientras las realizamos. Creo que realizar tareas domésticas con los sentidos puestos en ellas revierte en mayor eficacia y en mejores resultados, a la par que en mayor disfrute (al menos en mi caso). Es en la cocina, quizás, donde más se nota. Cuando elaboramos un plato atentos a cada paso, cuidando los ingredientes, los tiempos y la presentación el resultado refleja ese mimo.

Pero también se percibe en nuestra relación con las plantas, en la compra atenta, en la reparación y mantenimiento de diversos objetos, en cómo organizamos y ejecutamos ciertas rutinas de orden y limpieza… Las tareas domésticas tanto tiempo relegadas al ostracismo y a la categoría de actividades de segunda forman parte natural de nuestros días. Y el mindfulness nos puede ayudar a manejarlas mejor.

 

 

 

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