choco Venchi“Muerte por chocolate”. Recuerdo que así rezaba el nombre de un postre en un restaurante. Lejos de amedrentar, era una reclamo, una invitación a pedirlo, para todos los amantes de este producto milenario, que llegó a Europa después de la conquista de América. En otros locales hay postres de chocolate que son anunciados con palabras como delicia, pecado -también tentación-, sorpresa, capricho…En fin que el cacao está asociado con emociones fuertes.

Mi declarada pasión por el chocolate hace que mi familia y mis amigos sepan que para ciertas ocasiones un producto rico en cacao es un regalo perfecto. De Navidad a esta parte he sido generosamente obsequiada -ha coincidido también que fue mi cumpleaños- y nuestra cocina es un expositor de productos. Todo empezó con las nuevas variedades de tabletas excellence de Lindt que en dos ocasiones me regalaron mis hijos. A las conocidas con naranja, limón, frutos rojos, sal o diferentes grados de cacao, se añaden ahora las de pera e higo. Ambas estupendas.

De la mano de mi cuñada Pilar llegan desde Italia las delicias de Venchi. Nos ha encantado la crema de cacao con aceite de oliva, la tableta – ¡de 800 gramos!-de chocolate (75%)  con pepitas tostadas y el cacao en polvo para hacer un buen chocolate a la taza. Tuve ocasión de visitar hace poco algunas de sus tiendas en Milán y son una auténtica maravilla por la variedad de productos y por los formatos y diseños. Descubro luego que en los espacios gourmet de El Corte Inglés comercializan algunos como las cajas de bombones en forma de libro.

Fue también en las pasadas fiestas navideñas cuando María, seguidora del blog desde Suiza, y con la que hemos establecido la tradición de desayunar un día cuando ella viene a Barcelona, me obsequió con unas finas galletas Kambly, algunas de ellas bañadas en chocolate. Son muy buenas y delicadas. Las hay con caramelo, con trufa, con pistachos o almendras, con naranja… de diferentes y elegantes formas. Otro descubrimiento.

La semana pasada surgió el tema del chocolate en la peluquería. Hablamos de su poder reconstiuyente, gratificante y placentero, antioxidante…y también adictivo. Y Nuria me comenta su afición al chocolate Valor -en su web encontrareis interesantes recetas-, que asocio a mi abuela. En sus últimos años se compraba alguna de sus generosas tabletas. Las escondía en un armario y de vez en cuando se autorregalaba una buena porción.

Sendos amigos que vinieron recientemente a cenar nos trajeron delicias de chocolate con frutos secos de la pastelería Escribà, que hay que visitar en época de Pascua para contemplar sus espectaculares creaciones; y trufas de Canal, que en casa siempre asociaremos al pastel de trufa con forma de erizo, un clásico de la infancia de nuestros hijos.

Cerca de donde vivimos tenemos dos templos donde siempre encontramos un detalle para regalar: La bomobonería Blasi, con sus múltiples variedades, y una de las tiendas de Chocolat Factory, ahora llena de corazones. Imagino que, después de este breve repaso chocolatero, estáis ya en vuestra despensa en busca de un placer de cacao para llevaros a la boca. Disfrutadlo.