casa con librosMarie Kondo, autora nipona famosa en el mundo entero por su método de orden doméstico (KonMari), ha dado el salto a la gran pantalla de la mano de Netflix.  La autora del super ventas La magia del orden (Aguilar) con la puesta en escena de sus maneras de hacer lejos de sumar adeptos me temo que los va a perder. Kondo da saltitos, hace piruetas, abraza a unos y a otros, se tira por el suelo… y se convierte en caricatura. No ayuda que aquellos que la reclaman para poner orden en sus viviendas rompan a llorar ante las cámaras y sean incapaces de contener sus emociones como si el orden de su armario fuera lo más importante del mundo. Todo un espectáculo, sí, pero muy poco interesante.

Con su libro, la japonesa había conseguido que en muchas viviendas se hablara de orden y organización. Ese fue, en mi opinión, un logro: “sacar del armario” las palabras limpieza y orden y hacerlas circular con normalidad. Al fin y al cabo en todas las casas se hacen cosas cada día que requieren manejar esos conceptos. Bien por Marie Kondo en ese sentido. Los que siempre nos hemos considerado personas ordenadas encontramos en su filosofía puntos de encuentro y en su método discrepancias. Cada uno tiene sus “tics” -cuando no “tocs”, sus trucos, sus estrategias y sus formas de hacer las cosas. Y si funcionan no vemos motivo para cambiarlos.

Ya comenté en su día que quizá a la gurú del orden le falta bregarse en la convivencia con más personas. El hipercontrol le puede funcionar consigo misma pero con el resto de la familia, suerte. Porque en los hogares convivimos ordenados y caóticos -normalmente en igual proporción- y esa dialéctica configura la singularidad del hogar. La dictadura del orden está condenada al fracaso. También la del caos.

En los últimos días la propuesta de Marie Kondo, expresada ya en su libro -amplificada por el efecto televisión-, de que en las casas el número de libros debería fijarse en 30 ejemplares ha dado mucho que hablar. ¿Acaso el orden está relacionado con el número de… sillas, plantas, velas, espejos, cajas, bolígrafos, camisas, zapatos, cubiertos, lámparas, cojines, platos, electrodomésticos, botellas, cuadros, fotos, manteles… o libros? ¿Por qué esa cifra? ¿Es la autora japonesa una apasionada lectora? ¿Si fuera así y muchos libros le proporcionan felicidad, deberá sacrificarlos hasta quedarse con 30?

Consultados varios autores en un reportaje publicado en La Vanguardia la opinión más extendida es que la elección de ese número les resulta arbitraria, un sinsentido para los devotos de la lectura en papel. El escritor Quim Monzó afirmaba con rotundidad: “Que Marie Kondo haga lo que quiera en su casa que yo en la mía hago lo que me parece”. Los amantes de los libros no pueden atender a cifras, y menos a una como esa. Cuando hablamos de miles de libros siempre surge el debate de dónde poner el límite, de cómo organizarlos, limpiarlos y conservarlos. Y debe ser en cada hogar donde las personas libremente decidamos cómo manejamos el tema. Lo que está claro es que se puede ser muy ordenado y tener la casa llena de libros.

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