Isa NavidadSomos, sin duda, seres repetitivos, amigos de la rutina. El mes de diciembre se presenta cada año como una carrera de fondo para completar los últimos días del año con múltiples actividades y encuentros. Queremos en cierta manera cerrar en alto el ciclo que empezó en enero y para ello nos afanamos en conseguir nuestras particulares metas. Son días de “despedidas” y “cierres” a sabiendas de que en breve todo empezará de nuevo. La Navidad es en nuestra tradición el momento de reunión para celebrar la vida. Y nuestras casas y los nuestros nos acogen más que nunca. Son tiempos también para hacer balance.

Personalmente este ha sido un año marcado por la publicación del libro sobre Isa Solá, Lo que no se da se pierde (Plataforma), y por todo lo que eso implica. La vida de esta misionera barcelonesa asesinada en Haití hace dos años me acompaña y me interpela desde entonces. Profundizar en su trabajo, releer sus cartas y correos, escuchar sus canciones…y sobre todo conversar y conocer a las personas que estuvieron cerca de ella a lo largo de su vida ha sido una experiencia honda. Con algunas he establecido una relación que va más allá del objetivo primero que me acercó a ellas -obtener información para el libro-. Y siento que la Isa, tenaz y decidida que fue en vida, sigue “empujando” con empeño para que no nos olvidemos de Haití, como decía Forges.

“La tuvimos tan cerca…” hemos comentado muchas veces las amigas del colegio como lamentando que esa falta de distancia nos hubiera impedido en su momento ver con amplitud y percibir el brillo que desprendía su figura. Ahora que somos conscientes de ello queremos reivindicarla y darla a conocer. Es también patrimonio de su congregación, Jesús-María, que tiene en ella un ejemplo cercano de vida evangélica para contar a sus alumnos.

Algunos lectores, alejados del hecho religioso, me han comentado tras leer el libro que conocer a Isa les ha dado mucho que pensar y que les ha hecho valorar y admirar el trabajo de aquellos que se dan a los demás sin alharacas. Su recuerdo se impone aún más en estos días en los que invocamos la bondad como motor de nuestras vidas. Las cenizas de Isa reposan en Puerto Príncipe, capital de Haití, allí donde fue tiroteada pero también donde vivió con mayor intensidad su trabajo misionero.

El pequeño y pobre país caribeño fue su lugar en el mundo, el revulsivo que fortificó su fe. Gracias a Isa, Haití va a estar siempre cerca en nuestra mente y en nuestro corazón. Allí son muchos los que estos días celebran la Navidad con muy poco pero con una sonrisa en el rostro. Dice Josep Maria Esquirol en su libro La penúltima bondad (Acantilado) que en la bondad cotidiana de las personas, en la bondad de las acciones de unos hacia otros esta la salvación del mundo. Isa jugaba en esa liga, la de los que siembran en las periferias áridas y consiguen que brote la vida.

El legado de Isa Solá sigue vivo a través de todos los que trabajan allí y aquí para que los proyectos que impulsó sigan ayudando a muchas personas a vivir en condiciones dignas. La Fundación Juntos Mejor canaliza las ayudas y hace un seguimiento de todos los trabajos en los que podemos participar con nuestra contribución.

Imbuida por la vivencia de Isa, os deseo una feliz Navidad y que el 2019 sea un año de prosperidad para todos donde la concordia y la bondad se erijan en protagonistas.