Bullet Journal

Bullet Journal: libreta y boli para organizarse

Cuando en casa se pide colaboración para alguna de las muchas tareas domésticas que realizamos a diario, la respuesta más repetida es “no tengo tiempo”. Todos tenemos muchas cosas que hacer y siempre vamos con el tiempo justo, cierto. Pero también es verdad que algunas actividades solo requieren unos pocos minutos para ser completadas. Así que para estupefacción de mis hijos -“¿a quién se le ocurre hacer algo así?”- me dedico a calcular de cuánto tiempo estamos hablando.

Las estrategias para “escacear” están muy desarrolladas y pretendo desmonatarlas con buenas razones. Mi pequeño trabajo de campo da al traste de forma clara con el principal motivo invocado, la falta de tiempo. Así, por ejemplo, explico en casa que vaciar el lavavajillas cuando ha finalizado el programa requiere cuatro minutos de nuestro valioso tiempo. Cronometrado en varias ocasiones. El electrodoméstico cargado ordenadamente (platos llanos, soperos, cubiertos en diferentes compartimentos, vasos, tazas…) facilita el vaciado, así cómo la accesibilidad de los armarios donde guardamos las diferentes piezas.

La “ardua” tarea de hacer la cama a diario supone tres minutos. Sin duda, algunos más el día que cambiamos las sábanas. Abrir la ventana y dejar la cama en perfecto estado se hace casi sin pensar. En su libro Hazte la cama (Planeta), el general William H. Mc Raven explica cómo ese pequeño gesto diario de disciplina y orden condiciona nuestras posteriores actuaciones y les da sentido. La cama bien hecha nos acogerá al finalizar la jornada. Vale la pena.

Cambiar la basura, cerrar la bolsa y reemplazarla es cuestión de un minuto. ¿Quién no lo tiene? Y así en un largo etcétera de tareas domésticas, que solo suponen unos minutos de nuestros días, como poner o quitar la mesa, vaciar la lavadora, recoger la ropa, doblarla, regar las plantas, planchar una camisa o repasar la mampara del baño. Una pequeña inversión de tiempo que revierte en nuestro beneficio y confort. Son actividades rutinarias pero necesarias en nuestro día a día. Hay otras actuaciones que mejoran a mayor inversión de tiempo como ocurre, por ejemplo, en la cocina.

Mi hijo de catorce años reclama, ahora que ha acabado los exámenes, tareas de casa e información que le ayude el día de mañana a ser autónomo. Quiere aprender a cocinar más cosas -ya se defienden con unas cuantas-, saber de economía doméstica y conocer el abc para montar una casa. Sus hermanos veinteañeros siempre confían en él a a hora de resolver dudas domésticas. Hace tiempo que dicen que “solo en casa” no tendría problemas, como ellos, para desenvolverse. Bravo por él: las inteligencias múltiples al alza.

La voluntad y las ganas son sin duda el mejor motor para organizarse. Para aquellos que crean que no pueden añadir ni una actividad más a su agenda, el  mundo editorial nos presenta otro libro que promete acabar con el caos en nuestras vidas: El método Bullet Journal (Planeta), de Ryder Carroll. Defiende la vuelta a una libreta y un boli para anotar, hacer listas, sistematizar y priorizar nuestros días. Una reformulación de cosas de sentido común. Kondo, Carroll y cada uno de nosotros con su librillo. Lo importante es que funcione. Seguro que hay tiempo para cosas de casa.

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