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Hay vidas como la de Isa Solá que solo se conocen bien si un hecho excepcional las coloca en primer plano. Hace dos años nos despertamos con el titular “una monja española asesinada en Haití”. En esa línea se condensaba lo ocurrido el 2 de septiembre de 2016 en pleno centro de Puerto Príncipe. Lo que seguía después era la explicación de un hecho habitual en ese país caribeño, pobre entre los pobres: cuando las personas  sacan dinero del banco se convierten en un objetivo para delincuentes y bandas. Isa Solá, religiosa de Jesús-María, había cambiado dos cheques: uno, para comprar material escolar para un colegio, y otro, para cubrir gastos de casa. Poco después moría. Un hombre le disparó cuando circulaba con su coche acompañada por una mujer haitiana.

Tenía 51 años. Mujer de gran belleza, artista y emprendedora, enfermera y maestra, trabajó como misionera primero en África y después en Haití, donde llevaba ocho años. Habíamos coincidido en el Colegio Jesús-María de San Gervasio, en Barcelona, y compartimos experiencias de voluntariado en nuestra juventud. Isa Solá pasó con su asesinato del anonimato a la visibilidad de los medios y las redes. Y fue entonces cuando empezó a gestarse este libro. Lo que no se da se pierde relata episodios de la vida de Isa con su propia voz -a través de sus escritos y correspondencia- y con el de muchas personas que la conocieron -familia, religiosos, amigos, colaboradores…-.

El resultado es una imagen de una fuerza tremenda que no puede dejar indiferente a nadie. Durante estos dos años de trabajo periodístico me he “empapado” de Isa y se ha instalado en mi mente provocando muchas y diversas reacciones. Salgo reforzada en la convicción de que en el mundo hay muchas personas bondadosas que se desviven -literalmente- por hacer que sea un lugar mejor para todos. Ella fue una de esas personas. Su testimonio nos interpela y nos alienta. Nos abre los ojos.

Conocerla genera positivismo y renovada fe en el poder de los pequeños -y grandes- gestos. Ella creía en Dios desde una humanidad exacerbada. Lo veía en los más necesitados y demostró con hechos que puso todo su empeño en vivir con ellos: luchó contra viento y marea desde muy joven para ser monja; escogió cuidar a personas afectadas por SIDA en los años de máxima estigmatización de la enfermedad; trabajó en Guinea Ecuatorial para que las mujeres accedieran a la educación y al trabajo remunerado; vivió en la calle, sin techo ni comida, cuando sobrevivió al terrible terremoto que azotó Haití en 2010; creó un taller de prótesis para ayudar a los muchos amputados que dejó la catástrofe; no se cansó de buscar recursos para ayudar a dignificar la vida de los más vulnerables… Y todo eso con solo cincuenta años de vida.

Este libro, que ya está a la venta, recuerda a Isa Solá y nos recuerda, como hacía reiteradamente Forges, que Haití sigue estando en el mapa, luchando día a día para sobrevivir y prosperar. Os invito a leer Lo que no se da se pierde. Editorial Plataforma ha envuelto mi manuscrito con una preciosa y cuidada presentación que incluye también fotografías de la vida de Isa. Al comprarlo colaborareis con la Fundación Juntos Mejor, que gestiona las misiones donde Isa Solá vivió y murió y donde las religiosas siguen trabajando para dar continuidad a tanto trabajo realizado.

Invitación Lo que no se da se pierde

 

 

 

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