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Helados Paral.lelo

Algún día tendrá nombre esa frenética actividad doméstica que desencadena en algunos la llegada del buen tiempo. Viene impulsada por las nuevas condiciones ambientales de la recién estrenada estación y por esa tendencia de las especies a acondicionar el nido. Aligerar y refrescar son actuaciones centrales de esa adaptación de nuestro hogar. Las aplicamos a la ropa de cama, al contenido de nuestros armarios, al ropaje de nuestros sofás, a los estantes de la despensa y de la nevera… En la cocina buscamos recetas veraniegas, ligeras y apetecibles.

Las ensaladas son un puntal. Esta semana he hecho en casa la que nos ofrecieron hace unos días unos amigos en la suya y que me gustó mucho. Era una ensalada a base de tomate y sandía. Ahora empezamos a encontrar tomates sabrosos -Tudela, Monterosa, corazón de buey, Barbastro…-. El que escojáis, lo peláis y lo cortáis a dados sin pepitas. El mismo corte para la sandía. Es importante que esté en su punto porque si está demasiado madura desprende mucho jugo. En un bol grande mezcláis tomate, sandía, aceitunas negras, albahaca fresca y burrata. Todo aliñado con un buen aceite de oliva virgen extra. Si no tenéis albahaca, podéis utilizar el aceite aromático de Borges que la contiene y que aporta mucho sabor.

De endivias, atún y aguacate. Ésta fue el resultado de una mezcla de ingredientes que tenía a mano. Le puse arroz largo, endivias cortadas en juliana, un aguacate troceado, dos latas de atún, una manzana cortada -frotada con limón para evitar que se oxide-, nueces troceadas y huevo duro rallado. Al final lo mezclé todo con mayonesa y lo metí en la nevera. Al día siguiente con un par de endivias que me habían quedado hice otra parecida con pavo, piña, aguacate y champiñones crudos laminados. Tenía unas pocas pechugas de pavo, que hice a la plancha y corté en tiras y a la que añadí los otros ingredientes.

Con diferentes bases -arroz, pasta, legumbre, quinoa, lechuga, verdura- podemos crear infinidad de ensaladas que son cocina de aprovechamiento total. La fruta fresca, los brotes y las semillas dan siempre un toque especial. En el libro Salad love, de David Bez (Salamandra) hay muchísimas propuestas fáciles y rápidas. De todas maneras para asimilar bien una receta hay que probarla y hacerla nuestra.

De la mano de una de nuestras hijas llegó hace unos días la granola casera y arrasó. En una bandeja de horno puso copos de avena y un mix de frutos secos -nueces, almendras, avellanas-, semillas -calabaza, girasol, sésamo-, pasas y fruta seca, aceite y miel. Lo horneó durante 15 minutos. El olor del tueste invadió toda la casa y fue un reclamo al que todos sucumbimos. Pasada el ansia inicial, los siguientes días la fuimos tomando esencialmente para desayunar -con yogur y leche-, que es lo más indicado por su alto poder calórico y energizante.

Por último me gustaría recomendaros los helados artesanos de Paral.lelo, en la calle Séneca, 18 de Barcelona. Un amigo nos dijo que el de pistacho era el mejor que había tomado nunca. Nosotros ya habíamos probado los de palo de té matcha, capuccino y pingüino. El último descubrimiento ha sido el sorbete de limón y jengibre. Me encantó. Modo verano total.

 

 

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