Cubo de basura de Leroy Merlin

Cubo de basura de Leroy Merlin

Porque mi abuela, mi madre y yo lo hacemos de determinada manera, es posible que mis hijos continúen la inercia de seguir por el mismo camino. Me refiero a determinados hábitos domésticos del tipo poner siempre unas hojas de papel de periódico en el interior de la bolsa de basura para evitar el riesgo de que se empape con algún residuo. Con el papel en la base conseguimos que no se manche el interior del cubo de la basura, el suelo donde depositamos la bolsa una vez cambiada o el trayecto hasta que la tiramos al contenedor. En fin, que hay cosas que aunque parezcan raras, tienen sentido.

En los hogares limpiamos, cocinamos, ordenamos, doblamos la ropa, etc, etc en función de lo que hemos visto y aprehendido en nuestras casas. Cuando uno visita casas ajenas descubre nuevas formas y maneras. Y es entonces cuando uno se plantea un cambio, si esas alternativas le parecen mejores a sus rutinas. Sin duda influye mucho quién y cómo  justifique esa manera de hacer las cosas. Hay mucho que aprender. En los últimos años he modificado algunas inercias como:

  • Añadir aceite al agua donde hervimos la pasta. Mi hermano y su familia llevan más de veinte años viviendo en Italia. Mi cuñada siempre nos obsequia con pastas especiales y nos señala seguir las indicaciones de cocción que pone en el paquete en cada caso. Nunca hablan de aceite. Un italiano jamás lo añade al agua en ebullición. Considera que afecta a la porosidad de la pasta, que queda más resbaladiza y que por lo tanto absorberá peor la salsa. En casa de mis padres sí que lo hacíamos “para que no se enganche” entre sí ni a la olla. Hace tiempo que me pasé a las indicaciones de Italia, que también desaconsejan enfriar la pasta una vez colada.
  • Sacar los dos extremos de las judías verdes. Fue una amiga la que me dijo que no hacía falta cortar los dos extremos de las judías, solo el que la unía a la planta. Aunque no he encontrado debate al respecto porque está extendidísimo el hábito de cortar los dos, yo ya no lo hago cuando preparo la tradicional judía verde con patata. Sí que los quito cuando las troceo pequeñas para una ensalada. Pienso que tiene sentido no desperdiciar ese trozo acabado en punta. Lo relaciono con la costumbre no comprendida de cortar los extremos del plátano. No me refiero a la punta que es más dura sino a algo más.
  • Cortar y poner en remojo las patatas. Era una costumbre que practicábamos a la hora de hacer una tortilla de patatas hasta que un buen amigo y cocinero me dijo que nada de ponerlas en agua. Tras indagar en diferentes foros, comprobé que recomendaban no hacerlo porque la mayoría de las vitaminas se perdían en el líquido. Así que ahora las corto al momento y las paso rápidamente por agua fría. Este gesto es suficiente para lavarlas y eliminar el exceso de almidón que contienen y además facilita que no se peguen entre sí y se frían mejor.

Son solo unos ejemplos de cambio pero hay muchos más. Un día el dentista me explicó que tenemos la mala costumbre de mojar el cepillo de dientes antes de usarlo. “Es como si antes de barrer, mojaras la escoba”, me dijo. Osea que no tiene ningún sentido. Y dejé de hacerlo aunque a veces la inercia es tan fuerte que reincido en los viejos hábitos.

 

 

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