Processed with VSCO with a6 presetCuando dormir es una necesidad y un bien escaso, todas las sugerencias para alcanzarlo son bien venidas. Digamos que a cierta edad -hablo por mí- las horas nocturnas van un poco por libre y en más de una ocasión nos dan la noche. Los tiempos revueltos son pésimos compañeros para el descanso. La creciente adicción tecnológica y la falta de orden en nuestras rutinas cotidianas nos pasan factura. No es de extrañar que en las calles proliferen negocios relacionados con el descanso y el sueño. Sus reclamos nos invitan a cambiar de colchón cada cierto tiempo, a cuestionarnos su composición y grosor, también a buscar la almohada que más nos conviene o a escoger mejor la ropa de cama. Andamos faltos de descanso nocturno.

He leído con interés el libro Dormir (Planeta), de Nick Littlehales, “entrenador del sueño” de equipos de fútbol como el Manchester United y de deportistas de élite de disciplinas como el rugby o el ciclismo. Su lectura me ha resultado amena e interesante -ayuda mucho cuando uno se identifica con el tema-. El coach señala que lo primero que hay que hacer es atender al ritmo circadiano -este año el premio Nobel de Medicina los han obtenido tres investigadores norteamericanos que trabajan el tema-. Este ritmo funciona en ciclos de 24 horas y regula la producción de hormonas, nuestros patrones de alimentación y sueño y demás sistemas internos.

Hablamos de nuestro reloj biológico y de los dos cronotipos que nos llevan a clasificarnos como personas diurnas o nocturnas. Littlehales trabaja sobre la teoría denominada R90. Considera que nuestros ciclos de sueño son de 90 minutos y desmitifica las 8 ansiadas horas de descanso.  Propone cuantificar ciclos por semana en lugar de por día para sacarnos presión con las horas de sueño. Lo ideal sería completar 35 ciclos cada semana y establecer una hora fija para despertarse siempre, incluso en vacaciones. Y a partir de esa hora contar hacia atrás tramos de 90 minutos hasta la hora habitual de acostarse. De este modo, señala que cuando no cumplimos el horario de ir a la cama es mejor hacer una actividad un rato hasta que empiece el ciclo siguiente y así evitamos dar vueltas y más vueltas en la cama. Es un planteamiento diferente.

Añade otras indicaciones que ya habíamos comentado (al tratar el feng shui, por ejemplo) que tienen que ver con establecer unas rutinas pre y post sueño y donde juegan un papel importante las condiciones de nuestro dormitorio y su acondicionamiento. Resalta la importancia de un buen colchón, de la calidad y limpieza de la ropa de cama, de la iluminación (nada de filtraciones de luz durante el descanso y luz natural al levantarnos), de la temperatura (más fresca que el resto de la casa), de la “desintoxicación” de tecnología en el cuarto (fuera móviles y aparatos de televisión) o de la ingesta de líquidos y de la digestión.

Señala también que la mejor postura para dormir es la de reposar en posición fetal sobre el lado no dominante de nuestro cuerpo (izquierdo para los diestros y a la inversa). Me parece también interesante la sugerencia de que las camas de matrimonio sean grandes, como mínimo el doble de lo que sería una individual para respetar un espacio personal de descanso. Son ideas razonables que pueden ayudar a desdramatizar las noche en vela y ayudarnos a un mejor descanso. Bienvenidas.

 

Anuncios