higos

receta de El Comidista

De la mano experimentada de nuestras hijas, hemos vivido en primera persona del plural lo que es viajar con un móvil en la mano y con diferentes aplicaciones con las que conseguimos transporte, comida y alojamiento. Nos parecía curioso que intercambiaran mensajes con los propietarios de los apartamentos que alquilamos y que se dirigieran a ellos por su nombre de pila. Recibían indicaciones de cómo acceder al edificio, dónde dejar las llaves y cómo resolver cuestiones cotidianas lejos de casa del tipo programar la lavadora, conseguir un secador de pelo o conocer dónde se recogen las diferentes basuras. La experiencia ha sido muy positiva y me ha hecho pensar, una vez más, en el hogar.

Ocupar por unos días la vivienda habitual de otras personas me produjo una sensación curiosa. Uno se adapta a esos espacios con facilidad. Se palpa veladamente la vivencia de otros a través de los detalles -las plantas, los objetos, los cuadros- y los gestos de bienvenida -la fruta, las galletas, los jabones-. Me ha gustado. Para viajar en familia, resulta una opción más económica y más cómoda. También te confronta con tu propia casa y te cuestionas qué deberías modificar para que otras personas pudieran pasar unos días cómodamente en ella.

De nuevo, me queda claro que la casa tiene que estar limpia, muy limpia, y ordenada. Es preferible que los objetos estén escogidos y mejor pecar por pocos que por exceso. La cocina y el baño requieren un mimo especial. Qué bien se maneja uno cuando todo reluce y los objetos están en buen estado -platos, vasos, cacerolas, toallas…-. En cuestión de minutos te encuentras como en casa, que es el mejor comentario que se puede poner en la valoración de una vivienda ajena. He vuelto a casa con ganas de que todo funcione y buscando siempre un plus que mejore el hogar. Empieza un nuevo curso, nueva temporada de casa, vuelta a la rutina y a los placeres domésticos (las comidas, la ropa de cama, las previsiones, las pequeñas variaciones…).

Los próximos meses me embarco en un proyecto estimulante de escritura, un libro sobre Isa Solà, la religiosa española asesinada en Haití hace un año, que ocupa buena parte de mi tiempo y de mis pensamientos. Se trata de un material altamente sensible y humano. Por eso, y porque no quiero repetirme en el blog, escribiré con menos regularidad. Lo haré siempre que tenga cosas nuevas que compartir. Como, por ejemplo, la tarta de higos que hicimos el otro día a instancias de mi hija mayor, que como no, consiguió la receta vía móvil en el blog El Comidista.  Allí también hay una interesante tatin de higos y nueces.

Para la Tarta de higos, que probamos, se necesitan: 2 huevos, 130gr de azúcar, 200gr de harina, 120ml de aceite de oliva, 80ml de leche, 1/2 cucharadita de levadura, ralladura de limón, un poco de romero picado y lo más importante 300gr de higos. Ya sabéis que estamos en plena temporada y que es efímera. Así que hacedla pronto. Se baten los huevos con el azúcar. Se añade el aceite y la leche. Por otra parte, se mezcla la harina, la levadura, el romero, una pizca de sal y la ralladura de limón. Se unen las dos mezclas y se trabajan con una cuchara de madera. Hay que dejar reposar un cuarto de hora. Entonces, incorporamos los higos cortados a mitades -mejor en abundancia porque aligeran el bizcocho- y horneamos 15 minutos. Ponemos más higos por encima -en círculo o cubriendo toda la superficie- y acabamos de cocer media hora más.

 

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