how-to-draw-a-plane-for-kids-step-7_1_000000045929_3“La novela, como el hogar y como la propia vida, es una unión de materiales sensibles”, escribe la poeta Elena Medel en el prólogo de Todos nuestros ayeres (Lumen), de Natalia Ginzburg. A través de sus páginas nos situamos como espectadores en la casa de una familia italiana de provincias en la antesala de la Segunda Guerra Mundial. Fluye la vida. Sus personajes transitan por las páginas en sus quehaceres cotidianos, entre las paredes de sus casas, de sus cocinas, de sus ropas, de sus anhelos y penas. Como en las obras posteriores de Elena Ferrante y también en la más reciente Patria, la trama la construye el suceder de los días y sus coordenadas de espacio y de tiempo la anclan y le dan un sello.

Este tipo de novela es propicio para el verano, donde podemos leer con más calma y sin perder el hilo. Sus habitantes y sus mundos, descritos con maestría, nos parecen, en lo esencial, los nuestros. Las vacaciones son un paréntesis en nuestra rutina. El filósofo Joan-Carles Mélich señalaba, en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia (15 julio 2017), que en el tiempo estival prima el deseo sobre el deber. Y los libros son buenos compañeros para desconectar y vivir aventuras, explicaba.

Hay quien se va físicamente lejos -o muy lejos- y quien prefiere no distanciarse demasiado. La cercanía del hogar, me comentaba una amiga, es cada vez más un referente que le proporciona serenidad y paz. Los que se van disfrutan el paréntesis pero también valoran mucho la vuelta a casa. Lo veo en mis hijas que alaban el confort de sus camas, de su ducha y de la comida casera cuando vuelven de sus “escapadas” por el mundo.

El hogar va con nosotros, en nuestra forma de hacer y de relacionarnos con los espacios de vida cotidiana. Tendemos a replicarlo en otros lugares que no son nuestra vivienda habitual. Hablo de objetos personales (ropa), prácticos (una cazuela, un sartén que nunca se engancha o un secador de pelo) y decorativos (una planta, una foto o una vela). Y sobre todo hablo de esos materiales sensibles que señala Medel, que incluyen vivencias, sensaciones y relaciones. Con con quien vivimos y cómo; lo que nos pasa; lo de siempre y lo excepcional; lo real y lo imaginario…todo eso tan nuestro y tan intangible que engloba la palabra “hogar”. Y que se traslada con nosotros

Deseo que paséis unos buenos días de descanso, con lecturas, viajes -reales o soñados- y en los que la esencia del hogar persista.

  

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