aguacate

A mi familia le encanta el aguacate. Es una fruta que forma parte de la lista de productos que compramos semanalmente durante todo el año -yo no la probé de pequeña-. Pero es ahora cuando empieza el calor cuando el consumo se dispara. Es el componente básico de nuestras ensaladas, por encima de la lechuga e, incluso, del tomate. A veces mezclo todos los ingredientes en una ensaladera y otras corto los diferentes elementos y los alineo en una bandeja -tomate, aguacate, mozzarella, por ejemplo-. Siempre se descompensa el montaje porque todos se lanzan a por los trozos de aguacate.

Se encuentran todo el año pero es a partir de junio cuando están en su esplendor. Hay que encontrarle el punto: ni demasiado fuerte, ni demasiado maduro. Así que no hay más que cogerlos con la mano y ver qué respuesta tienen al tacto. Rehuyo de las piezas envasadas y empaquetadas que dificultan esta exploración. El aguacate está en su punto cuando al presionar la piel se hunde un poco, sólo un poco. Hay quien lo agita y nota el movimiento de la semilla, señal de que está para comer.

Mis hijas se hacen tostadas con aguacate, lo combinan con queso o salmón y es un elemento imprescindible de sus brunches fuera de casa. Entonces siempre acompañado de huevo. El guacamole es plato de fiesta en casa en diferentes versiones y categorías. Lo valoramos tanto que muchas veces hablamos bien o mal de un sitio en función de la puntuación que le damos a su guacamole. El más apreciado es el que elaboro con una receta de Isabel Allende -estoy en plena lectura de su nuevo libro Más allá del invierno (Plaza & Janés)-.

La escritora peruana sugiere el guacamole como salsa de acompañamiento para un pescado que ha sobrado del día anterior o como aperitivo con tostadas, “papas fritas o tortillas crujientes”. Es un plato supuestamente afrodisíaco, como todos los incluidos en Afrodita. En un bol maceramos durante una hora 1 cebolla pequeña muy picada, dos tomates maduros cortados sin piel, ni pepitas, 1 chile verde picado -yo me lo salto-, 1 cucharada de aceite de oliva, 1 cucharadita de salsa Worcestershire y al final, antes de los aguacates cortados, una yema de huevo batida con jugo de limón. Se chafa todo con un tenedor. Lo ideal es consumirlo recién hecho.

Compite en preferencias el de Panchito, locales de comida mejicana. En ocasiones especiales lo compramos para comer en casa. El tema de los nachos de acompañamiento también es importante. Y finalmente tenemos el de Mercadona, más de trote, un recurso, pero que a algunos nos repite un poco.

Para conservar bien el aguacate una vez abierto se recomienda guardar con hueso, pintar con limón o con aceite de oliva para que no se oxide o poner en un recipiente tapado con una base de cebolla roja cortada. Para que maduren hay que envolverlos en papel y, si necesitamos acelerar el proceso, la compañía de una manzana o un plátano ayuda a madurar más rápido

Entre los beneficios de esta fruta tropical está su contenido en omega 3, en grasas monoinsaturadas -las buenas- vitamina E, potasio y proteína. Es un alimento habitual en las dietas de deportistas por su poder antioxidante y beneficioso para los músculos. Ayuda también a mantener los niveles de colesterol y su capacidad alcalina lo hace muy recomendable en todas las dietas.

 

 

Anuncios