cajón nevera

Hace unos meses leí un reportaje sobre belleza y buenos hábitos de alimentación. El texto se refería a algunas famosas, modelos o “it girls” y a sus rituales cosméticos y alimenticios. Estaba ilustrado con imágenes de sus supuestas neveras. Se veían estantes poco habitados, con productos en serie que tenían cierto efecto estético y donde la presencia del color verde era total. No eran neveras de verdad, estaban “tuneadas” para hablarnos de un estilo impregnado por el concepto “detox”. La nevera de casa intenta satisfacer los gustos de todos los miembros de la familia. Así que en ella hay más variedad de productos y de tonalidades. Y también tiene su estética, siempre supeditada a un orden práctico.

Cuando en una película llega un personaje -el policía, detective, abogado…- a la tantas de la noche a su casa, cansado y derrotado, hambriento y/o sediento, abre la nevera y se encuentra con un brik de leche caducado, una lata abierta y un resto de queso, el tipo suele acabar lanzando todo a la basura y cerrando con desidia el frigorífico. Las neveras desangeladas, sin vida cotidiana, son tristes e innecesarias. En los hogares vividos, donde uno, dos, tres, cuatro o más personas conviven, este electrodoméstico es un lugar común de encuentro y también de desencuentro -ay cuando alguien desea algo pero ya no está porque otro se ha adelantado…-.

En casa hay mucha actividad gastronómica y por tanto mucha rotación de productos, pero hay unos cuantos que no pueden faltar. Excepto a mí, a todos les gusta beber agua fría. Así que tenemos dos jarras en uno de los compartimentos de la puerta. Esas jarras se vacían al instante. Pero, ¿quién las rellena? y ¿a alguien se le ocurre limpiarlas periódicamente? El estante que he asignado a los yogures, a la altura de los ojos, está siempre a tope. Tomamos la mayoría -algunos de dos en dos-. El cajón de verduras se queda pequeño y las hortalizas se expanden por otros espacios (siempre bien protegidas porque el frío directo las deteriora). Suelo agrupar los yogures del mismo sabor o las verduras de la misma especie.

Es importante que establezcamos un criterio de dónde ponemos cada cosa y que lo conozcan los de casa. Así al abrir la puerta iremos directos al objetivo.El compartimento de producto fresco contiene quesos, embutidos, carne, pollo o pescado de consumo inminente. Es necesario, como el de las verduras y frutas, ordenarlo y limpiarlo semanalmente con una bayeta humedecida con agua y jabón y después secarlo con un paño. Los huevos, en las hueveras, aunque curiosamente nunca coinciden con la docena. Mi madre siempre dice que en una casa no pueden faltar nunca patatas ni huevos y el mensaje me ha calado.

Cuando alguien en una casa ajena te invita a servirte tú mismo de su nevera, en un gesto de confianza, te está dando paso a unos de sus “armarios” y tú fisgoneas y ves lo que hay y lo que falta -a tu entender-; las marcas que consume; si la colocación de los productos responde a un criterio o al simple azar; si está limpia o no…y al cerrarla ya sabes más de esa persona. Lo que hay en tu nevera habla de ti.

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