bizcocho-soletillaSigo ahondando en las lecturas sobre el hygge. Los pasteles y los dulces están muy asociados a ese concepto. Las velas y las mantas, también. Resulta que muchos mediterráneos teníamos sin saberlo una inclinación genuinamente danesa cuando disfrutábamos en nuestras casas de ciertas costumbres y de determinados elementos. El caso es que esta inmersión en el modus vivendi del país nórdico me ha hecho reactivar la costumbre, algo abandonada en los últimos tiempos, de cocinar un postre “porque sí”, y dejarlo en la cocina para que cada cual se sirva cuando le apetezca.

Os propongo aquí algunas opciones para alegrar el día y que mantienen a raya el exceso de azúcar . Tiramisú. Necesitáis para elaborarlo 500 gr de bizcochos de soletilla (nuestros melindros), 500 gr de mascarpone, café, 6 cucharadas de azúcar, 4 huevos y cacao en polvo. Yo utilizo una bandeja de pyrex que tiene la medida justa para colocar dos filas de bizcochos. Primero mezclamos las yemas con el azúcar. Incorporamos el mascarpone (sacadlo antes de la nevera para que lo podáis trabajar mejor) y las claras a punto de nieve con mucha suavidad para que quede una masa esponjosa. Los bizcochos se empapan con café ya frío -al gusto: más fuerte o más tipo americano- y se ponen como base, después crema y así sucesivamente. Finalmente espolvoreamos con cacao y metemos en la nevera. Lo ideal es que se refrigere 10 o 12 horas antes de consumir.

Para hacer cookies de chocolate hay que tener: 1 cucharada de mantequilla, 1 huevo, 120 gr de chocolate negro , 45gr de chocolate troceado blanco y negro, 80 gr de azúcar , 1 cucharada de harina, menos de media cucharada de café soluble y vainilla en rama. Se mezcla el huevo con el azúcar y las semillas de un cuarto de rama de vainilla. Por otro lado incorporamos la mantequilla a temperatura ambiente con el chocolate fundido. Unimos ambas mezclas y sumamos la harina, los trozos de chocolate de dos colores y el café. Formamos pequeños montículos y los chafamos con un tenedor húmedo -para que no se enganche-y horneamos unos 10 minutos. Me gustó la idea de Ferran Adrià de hacer un rollo con la masa y envolver en papel film. La congela para que después sea más fácil cortarla a rodajas. De este modo salen todas las galletas del mismo tamaño.

Ya lo hemos comentado otras veces: las torrijas forman parte de la cocina de aprovechamiento y son deliciosas. La versión rápida consiste en cortar rebanadas de pan del día anterior y empapar en leche, pasar por huevo batido y freír. Finalmente, espolvoreamos con un poco de azúcar de caña. Y si no os apetece cocinar pero sí disfrutar de ese momento dulce, hay en todos las ciudades espacios y recetas hyggelig. En Barcelona me gusta  el cupcake con top de limón de Cup & Cake,  el pastel de queso de Muy Mio (c. Santaló, 11), los panes ecológicos y el yogur con frutas de Le Pain quotidien o el clásico chocolate con nata de la graja La Pallaresa (c. Petritxol,11). ¿Os animáis?

 

 

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