calabacinesEl calabacín es una hortaliza que encontramos todo el año en el mercado aunque su mejor momento lo vive en los meses de verano. Es el fruto de una planta rastrera (Cucurbita pepo), que tiene tallos con vellosidades y que da flores acampanadas y amarillas. Algunas nacen directamente del tallo y otras, del fruto. En ambos casos se pueden cocinar. Las flores bien lavadas y ligeramente enharinadas son un exquisito manjar. Hay quien dice que tienen un gusto similar al de las almendras. Son habituales en las tempuras japonesas. Nosotros acostumbramos a utilizar el fruto, es decir, el calabacín, muy versátil y adaptable a muchos platos.

Mi cuñada Pilar me manda desde Italia una receta con zucchini que sirve como aperitivo: Rollitos rellenos de jamón y queso: filetear longitudinalmente, empapar en aceite de oliva y pasar por pan rallado. Hornear 20 minutos. Poner una loncha de jamón dulce y una de queso de la misma medida que la tira de calabacín, enrollar y sujetar con un palillo. Hornear diez minutos más. Los Calabacines con puré de patatas funcionan como un entrante: lavar y cortar en rodajas de 1/2 cm . Salarlas y dejar que suelten el agua. Secar con papel de cocina y freírlas. Hacer un puré de patatas espeso y, una vez fuera del fuego, añadirle una yema de huevo y dos claras a punto de nieve. En una bandeja de horno poner una capa de calabacín, encima puré y finalmente otra de calabacín. Espolvorear con queso y poner cinco minutos en el horno.

La crema de calabacín está presente en casi todas las casas y gusta prácticamente a todo el mundo. Es suave y muy fácil de hacer. Con tres o cuatro calabacines medianos, una cebolla o puerro, una patata, caldo vegetal (o simplemente agua), un chorrito de aceite y sal se elabora una fina crema. Para que tenga una buena textura hay que ajustar bien la cantidad de líquido ya que el calabacín suelta mucha agua. Hubo una época en que era habitual añadirle un par de quesitos en porción. En la actualidad no se ponen dados los crecientes índices de intolerancia a la lactosa. Quien quiera puede servirla con queso rallado o una bola de queso fresco como condimento y si no siempre están los picatostes o unas tiras de jamón.

Si tenéis algunas piezas sueltas en la nevera, las podéis aprovechar para elaborar un pisto de acompañamiento para una carne, ave o pescado: pochar dos cebollas cortadas a trocitos y añadir los calabacines también troceados. En una sartén se hace una salsa de tomate con aceite y  1kg de tomate maduro pelado, cortado y sin pepitas, con una pizca de azúcar y sal. Bien triturados y escurridos se añaden al calabacín y cebolla y se hacen a fuego lento durante media hora.

Los expertos alaban las propiedades de esta hortaliza  ya que es un potente antioxidante que refuerza nuestro sistema inmunológico. Es rica en minerales (magnesio, fósforo, calcio y potasio),  vitaminas y fibras, y tiene un bajo contenido calórico ya que buena parte es agua. Hay que buscar piezas medianas y pequeñas -las que se hacen muy grandes están llenas de semillas-, que sean firmes al tacto y cocinarlas frescas. Crudas (en ensaladas) o al vapor es como mejor conservan sus cualidades. Y preferentemente con piel.

Anuncios