hyggeHygge. La receta de la felicidad (Grijalbo), de Marie Tourell Soderberg, Hygge. El arte de disfrutar de las cosas sencillas (Zenith), de Louisa Thomsen Brits o Hygge. La felicidad en las pequeñas cosas (Timun Mas), de Meik Wiking, son algunos de los libros que se publican ahora en nuestro país para acercarnos a ese concepto danés que tanto ayuda a los habitantes del país escandinavo a estar contentos y a disfrutar de momentos cotidianos de sosiego y calidez. El hygge atraviesa fronteras y llega después de la magia del orden japonesa para explicarnos de otra manera lo bien que se puede estar en casa.

La palabra hygge (se pronuncia hu-ga) no tiene una que se corresponda en castellano. Se acerca a conceptos como bienestar, acogedor o cómodo. Se trata de un término ampliamente arraigado en Dinamarca que define experiencias de placidez y comunión con el entorno, con uno mismo y con los demás. Lo podríamos enmarcar en la misma linea de la conciencia plena (mindfulness), tan en boga también, que nos invita a disfrutar del aquí y del ahora.

“Para mí, el hygge está presente en los momentos de contento, especialmente al principio y al final del día. A primera hora de la mañana está ahí cuando encendemos una vela en la mesa del desayuno, mientras nos hacemos el café y las tostadas y preparamos las tarteras para la comida, y más tarde cuando volvemos a casa y nos reencontramos, nos tomamos un té o una copa de vino juntos y nos sentamos en la cocina para disfrutar de la cena”, escribe Thomsen Brits. Son esas vivencias que yo denomino “momentos dulce hogar”.

Para hacer las cosas hyggelig es importante, señalan los autores de los libros, disfrutar del hogar (principalmente aunque también se aplica a otros espacios) y crear ambientes cálidos donde la iluminación juega un papel importante (chimeneas y velas son claves). Hay que propiciar situaciones para vivir en solitario o en grupos reducidos en los que la comida, el confort y la conversación distendida tengan protagonismo. Y además verbalizar ese momento agradable para que no pase desapercibido.

Se aconseja que el hygge sea una práctica diaria, que nos conecte con el ser y no con el tener; que sea una filosofía para ser felices y sentirnos acogidos, seguros, cómodos y protegidos. No puedo más que alegrarme de esta nueva corriente de ensalzamiento del hogar y así lo expreso en familia. Mi hija Leticia, siempre atenta a las novedades editoriales, me anunció que el hygge triunfaba en Europa. Le dijé que me reafirma en las tesis que expresé en Dulce Hogar (Plataforma). Ella me replicó que en esta moda se “habla de estar en plan chill“. Y le digo una vez más que para llegar al chill hay que invertir tiempo en acondicionar nuestra casa para obtener bienestar (léase limpiar, ordenar y cuidar).

A quien no le complace llegar a casa al final de la jornada y ponerse cómodo, acomodarse en el sofá frente a la chimenea y saborear una bebida caliente ahora en invierno. Y si queréis perfeccionar el momento, incorporad una buena lectura a la escena. Es un buen momento para recomendaros la nueva novela de mi marido,  Sergio Vila-Sanjuán,: El informe Casabona (Destino), que la semana que viene estará en librerías y que estoy segura que proporcionará hygge a sus lectores.

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