flor_pascua_pequena_decoradaHa ido muy ajustado de tiempo, pero lo hemos conseguido. La semana antes de Navidad emprendimos la tarea de pintar de nuevo la casa. Era una empresa que hacía tiempo que tenía en la cabeza y para la que no contaba con demasiados apoyos en la familia. Me hacía especial ilusión porque, a pesar de limpiar y cuidar el hogar con empeño y constancia, los años pasados han dejado su poso y no siempre para bien. He contado con unos profesionales excelentes que han hecho fácil lo difícil.

Ahora que parece que todo está en su sitio como si no se hubiera movido nada, lo miro y me siento complacida. Y mi satisfacción crece al comprobar que, incluso los más escépticos, reconocen la mejora, y celebran la renovación. Poner una casa patas arriba te enfrenta a una cantidad ingente de material acumulado. Hemos vaciado buena parte de nuestra casa y hemos hecho una limpieza en profundidad.

Hemos donado 2000 libros -o más, según quien los contabiliza- y aún así al recolocar los “salvados” no me explico cómo podíamos acogerlos a todos. Los libros nos acompañan y nos alimentan pero no todos valen. Agradezco a mi marido el esfuerzo titánico que ha hecho. Ahora la sensación de armonía preside la convivencia entre los seis miembros de la familia y los miles de libros que nos arropan. Sabemos dónde está cada volumen y el aspirador y las gamuzas de polvo los han liberado de muchas partículas.

Cuando actualizas tu casa, una cosa te lleva a otra y acabas renovando pequeños detalles y accesorios. De pronto visualizas las imperfecciones y deseas remediarlas al momento para que todo reluzca. Hemos hecho jornadas maratonianas pero ha valido la pena. La mayor parte de los libros que empaquetábamos los colocábamos en la terraza para que se pudieran pintar fácilmente las paredes y las librerías. En estas constantes entradas y salidas al exterior he seguido con atención las obras que hacían unos vecinos de un bloque situado frente a nuestra vivienda.

Allí la reforma ha sido a lo grande. He visto colocar ventanas y cristales, pasar a diferentes operarios (electricistas, carpinteros y pintores) y finalmente amueblar y decorar. Cuando oscurece, esa vivienda iluminada y ya habitada muestra parte de su interior. En el salón hay un gran cuadro junto a un mueble librería que día a día se está llenando, una lámpara de diseño, una pantalla de ordenador de gran formato y una planta de Navidad en la esquina junto a la ventana.

No sé quien habita esa casa pero me imagino la alegría de sus ocupantes al estrenar vivienda. Y yo desde el otro lado del patio de manzana me siento un poco partícipe de ese estreno. Ignoro si ellos se habrán percatado de nuestra “movida” y si habrán temido por el sobrepeso de las cajas de libros apiladas en la terraza. A esos desconocidos vecinos del barrio les deseo lo mejor en su nuevo y recién estrenado hogar. Y a todos vosotros también; que miméis y cuidéis ese regalo que es tener una casa. ¡Feliz año 2017!

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