atalliMe fijo en dos estudios que ha recogido la prensa estas últimas semanas. Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) ha presentado un informe sobre la brecha de género en el mercado laboral español. El dato más destacado es que las mujeres invertimos 2,5 horas más a tareas domésticas que los hombres. Además de tener peores sueldos y menos presencia en los puestos de responsabilidad. Por otro lado, un estudio de los profesores universitarios Bruno Arpi y Nicoletta Balbo apunta que sólo las mujeres que no trabajan fuera de casa sienten más felicidad cuando tienen un hijo frente a las que compaginan trabajo fuera y dentro del hogar. Son estadísticas y análisis que plasman qué difícil es en nuestro mundo moderno que una mujer pueda combinar vida profesional y familiar sin costes importantes.

Está claro que no existe una fórmula mágica. También es evidente que hay que insistir en las vías que facilitarán que una mujer pueda elegir cómo distribuir su tiempo. En primer lugar, debemos educar en el hogar para que cada uno de los miembros de la familia entienda que el bienestar en casa es cosa de todos; que las tareas domésticas no son un castigo sino una herramienta para facilitar y hacer agradable la existencia y que, por lo tanto, cocinar, comprar, pasar el aspirador o planchar no tienen género. Por otro lado, las administraciones y las empresas deben tener tiempo y recursos para tratar y aplicar políticas que nos permitan vivir sin renuncias. Hay que valorar a las amas de casa y garantizar su acceso a prestaciones sociales. Las empresas deben apostar por horarios flexibles que primen el rendimiento por encima de la presencia y creer de verdad en la conciliación. Las administraciones deben apostar por las ayudas a la familia, etc.

Falta tiempo para que el mensaje cale en la esfera privada y pública.Y dado que los años, las oportunidades y las existencias no se detienen, debemos hacer algo. Así que nos toca tomar las riendas de nuestra vida con lo que tenemos ahora. Nunca es tarde. Mi hija me acaba de leer una noticia feliz: una mujer de 75 años acaba de completar su sueño. Se ha licenciado en Química.¡Brava!, como dicen los italianos. Convertirse en uno mismo (librosdevanguardia),de Jacques Attali, nos interpela y nos invita a actuar. El economista francés, creador de Acción Contra el Hambre o del programa Eureka, ha trabajado temas sociales y culturales diversos.

Su propuesta me parece estimulante como contrapeso a actitudes pesimistas o fatalistas. Sostiene que cada uno de nosotros debe ser libre y feliz -su libro está plagado de ejemplos de personas que no lo tenían nada fácil-.El proceso para convertirse en uno mismo tiene cinco etapas: entender las restricciones de nuestra existencia; respetarse y hacerse respetar; aceptar la soledad; darse cuenta que nuestra vida es única y con todo ello escoger qué queremos hacer. Además señala que éste es el camino para ayudar a otros.

Las mujeres debemos hablar con nosotras mismas y dibujar nuestro itinerario. Cada una forja su plan de vida. Sin complejos, sin vergüenzas, con realismo, ilusión y convicción. Hay millones de modelos. Y, si no funciona, vuelta a empezar hasta encontrar el rumbo hacia una existencia feliz y en paz con una misma.

 

 

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