creuset-soperaEs habitual que en casa el primer plato sea de cuchara. Así que las sopas y las cremas están aseguradas en nuestra mesa. Uno de mis hijos, que es como una aspiradora humana comiendo, me dice con sarcasmo:”¡tenemos dientes!”como protesta por ese primer plato aparentemente ligero y que dice remite a la infancia o a la vejez. Hoy es el primer día que se nota la bajada de temperaturas  y no he podido resistirme a preparar un buen caldo de pollo, con pie de cerdo, hueso blanco y muchas hierbas y hortalizas, especialmente apio. Toda la casa se ha impregnado del olor de la olla en ebullición. Se anuncia sopa para cenar.

No gusta cualquier pasta ni de cualquier tamaño. Así que intento variar para contentar a todos: estrellas, tiburón grande, cabello de ángel, arroz…Tiene más adeptos la sopa de caldo de ave y carne que la de pescado, que agrada a unos pocos pero con mucho entusiasmo. Una buen puchero me resuelve dos primeros y con los ingredientes utilizados practico lo que ahora los expertos llaman “cocina de aprovechamiento” para referirse a lo que hemos hecho toda la vida en los hogares: no tirar nada de comida. Hojaldres y tarteletas,croquetas y acompañamientos de verdura salen también del perol.

En esta misma línea de usar restos de comida, se sitúa la sopa de pan. Ponemos a hervir una olla con agua, una cebolla pequeña y un hueso de caña. Mientras, troceamos a dados pan duro de días anteriores y lo tostamos en una sartén con un poco de mantequilla. Incorporamos el pan al caldo junto con una picada de ajo y perejil. Al final ponemos un huevo entero que cuajará con la sopa. Otro clásico sencillo es la sopa de cebolla, que tanto gustaba a mi abuela. Rehogamos cuatro cebollas laminadas con un poco de mantequilla hasta que quede blanda y blanca. Añadimos una cucharada de harina y cocemos. Incorporamos las cebollas a una olla de caldo de pollo. Para servir, ponemos una rebanada de pan en cada sopera y queso gratinado.

En ocasiones tenemos unas pocas verduras en la nevera y no sabemos muy bien qué hacer con ellas. Sólo hay que lavarlas y cortarlas, cubrirlas con agua, echar un chorro de aceite y un poco de sal. Tras unos 20 minutos al fuego, ya tenemos todo listo para una crema. Si estos días os han quedado boniatos, podéis asarlos para hacer una crema de boniato. Los peláis y los trituráis en un caldo de jamón o ave. Lo podéis servir con picatostes de pan o con virutas de jamón. La crema de champiñón es fácil y gustosa. Primero pocháis una cebolla con un poco de aceite o mantequilla, incorporáis los champiñones lavados y cortados. Tened en cuenta que menguan mucho. Una vez hechos, se añaden a un caldo y se trituran. Hace años me enseñaron en una clase de cocina a servirla en soperas individuales cubiertas de hojaldre, que se hornean unos minutos. Queda como una tapa que al romperla con la cuchara da paso a la crema.

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