antoine-laurainLa mujer de la libreta roja (Salamandra), de Antoine Laurain, es una novela de lectura rápida y amable. Laure es la mujer a la que alude el título, que tras pasar unos días en el hospital regresa a su casa.”En cuanto puso un pie en el recibidor, experimentó esa sensación que nos invade cuando volvemos a casa tras una larga ausencia. Esos espacios que nos son tan familiares que al final ya ni los vemos parecen ahora despojados de nuestra costumbre de mirarlos. Todo resulta más intenso, como una fotografía que ha recuperado sus colores y sus contrastes originales”, apunta el narrador. Esa misma mirada fue, quizá, la que experimentamos a la vuelta de vacaciones. Retenedla porque es una buena radiografía del estado de cómo están las cosas en casa.

Tomar cierta distancia de nuestra cotidianidad hace que nuestro ojo, en exceso habituado al entorno, se torne más crítico y discierna con claridad los defectos y necesidades. Las paredes de nuestra vivienda, los objetos que nos rodean, la ropa de casa, los útiles de cocina, las lámparas, sofás, maceteros y plantas, los agarradores de las puertas, las persianas de las ventanas, las mamparas, las cortinas, los libros y papeles, los cojines y mantas, las velas, los cubos de la basura, la escoba, el exprimidor y el minipimer, la jarra del agua y la aceitera, el vaso de los cepillos de dientes y la jabonera, etc -hasta hacer un inventario completo del hogar- pueden dar señales de deterioro por el paso del tiempo o pedir a gritos sin que lo oigamos un recambio.

Es importante invertir un poco de tiempo y de dinero cada temporada en pasar la itv del hogar. Preocupados por el ahorro y el gasto, debemos revisar que las instalaciones de agua, gas y electricidad estén en condiciones (léase revisar grifería, cisternas, quemadores de la cocina y bombillas). Mirad que el mobiliario esencial de la casa esté en buenas condiciones y no os acostumbréis a los parches (sillas y sofás, camas y colchones). Tampoco os habituéis a sartenes en mal estado, cazuelas sin tapa, tazas desconchadas o vajillas menguadas y procurad que todos esos pequeños accesorios que nos acompañan a diario luzcan.

Descartad ropa de casa que no os inspire confort y armonía (sábanas, trapos de cocina, toallas…). Observad vuestras plantas y jarrones y no dejéis que se mustien. Arreglad lo antes posible las cosas que no funcionen correctamente (la luz del horno, el pasador de la puerta, el cajón de los cubiertos, el colgador del baño…). Al visitar casas ajenas nos resulta muy fácil verles las gracias y virtudes pero también los defectos. Debemos ser más autocríticos con la nuestra para mantenerla y mejorarla. Y como el soñar no tiene límites, soñad también con proyectos futuros que tarde o temprano se harán realidad. El hogar se nutre de nuestros cuidados y atenciones, que diariamente revierten en nosotros.

 

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