Vivian MaierCon la llegada del verano, el ritmo en las casas se ve alterado no solo por las temperaturas sino también por la relajación/flexibilización/prolongación/ de los horarios. El fin del curso escolar supone el inicio de unas largas vacaciones para nuestros hijos. Con el pequeño de casa, programamos e improvisamos diferentes actividades que nos llevan a resolver aspectos prácticos y también a conocer cosas nuevas. Mi hijo es un niño con muchos intereses, abierto a nuevas experiencias y certero en la opinión.Se fija siempre en los detalles.  

El Feng Shui está de moda como muchas cosas orientales que impregnan nuestra vida cotidiana: desde los criterios de orden de Marie Kondo a la comida japonesa. El Feng Shui es una práctica milenaria china que intenta canalizar las energías para que nos ayuden vitalmente. En decoración, considera que hay zonas de nuestra casa especialmente importantes. Una de ellas es el recibidor, el espacio que nos acoge y nos da la bienvenida. Además de contener elementos prácticos como una repisa, un colgador o una butaca, debe tener objetos decorativos que transmitan energía positiva, como una foto familiar o un paisaje evocador.

Con mi hijo visitamos la exposición “In Her Own Hands“, de la fotógrafa Vivian Maier en la Fundació Foto Colectania (Julián Romea, 6 en Barcelona). Un descubrimiento. Maier (1926-2009) nació en Nueva York, tras el abandono de su padre, vivió junto a su madre en Francia y en Estados Unidos. En 1951 empezó a trabajar como niñera, primero en Nueva York y después en Chicago y lo hizo durante casi cuarenta años. Su pasión por la fotografía le acompañó siempre y captó con su cámara imágenes de la vida cotidiana que la rodeaba. Estuvo 17 años con una familia (Gensburg) en Chicago y en su baño montó un pequeño laboratorio, cuya existencia desconocían.

Nos sorprenden las muchas imágenes en las que la autora se retrata a través de espejos, cristales, sombras o charcos de agua. Es la imagen de una mujer solo con su cámara que camina y transita barrios donde los mayores y los niños son captados sin máscaras. Se trata siempre de personas anónimas a excepción de unas pocas imágenes donde aparece el actor Krik Douglas en el estreno de la película Espartaco y una sugerente imagen de la elegantísima Audrey Hepburn. Parece que la autora pasaba por allí y se “coló” para inmortalizar esas imágenes.

En 2007 el investigador John Maloof adquirió  -por sólo 400 dólares- en una subasta el archivo de 120.000 negativos de Vivian Maier y puso a disposición del mundo la obra de una fotógrafa,  anónima en vida, y considerada hoy una de las grandes de la disciplina. Murió en la pobreza, mantenida por dos hermanos que ella había cuidado de niños. En los años 70 realiza con una cámara Leica fotografías en color y algunas películas en 8 y 16 mm, que también se pueden ver en la muestra.

La fotografía entra en nuestras casas como obra de arte. Es en ocasiones un elemento decorativo escogido por criterios subjetivos y estéticos. En muchas otras es una extensión de nuestra memoria, el recuerdo de otro momento en algún lugar, que al mirarlo nos recarga y que hace hogar.

 

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