Nuestra hermana pequeña 2Mis hijas y unas amigas tenemos un grupo de cine donde siempre proponemos ir a ver películas de sentimientos, de experiencias reales, en ocasiones duras y otras balsámicas, pero casi siempre escogemos cintas muy como la vida, que es lo que nos gusta. Nuestra última sesión fue para ver Nuestra hermana pequeña, película japonesa del director Hirokazu Kore-eda . Mi hija mayor me sugiere que hable de ella en el blog porque dice, con razón, que en la película hay mucho de hogar.

La casa familiar es el hogar. No importa si está apartado y algo deteriorado por el paso del tiempo. Llegar a él hace que las protagonistas se sientan seguras. Ahí están sus referentes, sus recuerdos y vivencias. El gesto de descalzarse nada más llegar a casa o el de darse un baño después de una jornada resulta reparador y relajante.”Ya estoy en casa”, exclama cada una al entrar. “Bienvenida”, contestan las demás. El hogar se erige en el punto de referencia de sus vidas.

La comida es un elemento muy importante. Actúa como punto de reunión y encuentro. También como ejemplo de cuidado y de servicio hacia los demás. Los platos que se cocinan son un código para la familia donde mucho tiene que ver la cultura y el entorno. Aquí hay tempuras, pescado, sopas y fideos. Es interesante también el papel evocador que tienen algunas recetas como la tostada con chanquete que vuelve a tomar la pequeña de las hermanas.

Las tradiciones y las formas de hacer las cosas de una determinada manera forman parte del hilo conductor del hogar. La recolección de la fruta del ciruelo, su selección y la elaboración del licor que hacía la abuela perduran en el tiempo y son una señal de identidad del clan. La ingesta de ese licor está vinculada a momentos de especial relevancia. Las abuelas son transmisoras de infinidad de saberes, muchos relacionados con la vida práctica.

El cuidado de la ropa, su lavado, planchado y guardado. También las consabidas y habituales discusiones cuando alguien de la familia se apropia sin permiso de alguna prenda. Y por contrapartida, la donación generosa de algo que te gusta cuando menos te lo esperas. En la película vemos el valor simbólico de un kimono, que pasados los años, siguen oliendo y reconociendo en él el olor de su propietaria.

La película está llena de gestos de vida cotidiana como limpiar la mesa, comprar, tender, reparar el biombo o sentarse en el porche. Cada casa es un mundo como lo es cada familia. En Nuestra hermana pequeña nos dejan entrar en la suya para descubrir una vez más que el hogar es algo especial y único, refugio y punto de referencia vital donde se  disfrutan y padecen las relaciones. Al ser una cinta japonesa me he acordado de la gurú del orden Marie Kondo. La hermana mayor, Sachi, debe ser de su quinta. Es ordenada y disciplinada. Veo en ella una versión más “auténtica” y cálida del hogar, aunque sea de película, que la que propone Kondo.

 

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