AmagiaComparto la vida con una persona maravillosa con cualidades mil. Tiene además una capacidad espectacular para acumular montones de diarios y revistas, tarjetas de visita, resguardos muy variados, monedas, libretas, papeles, pastillas para la garganta…y libros, libros y más libros. Podríamos decir que tiene una tendencia espontanea al caos (también creativo) frente a mi disposición natural al orden. Nuestros hijos se reparten de forma bastante equitativa la herencia genética que atañe a este aspecto. Así vivimos en un equilibrio revisable cada cierto tiempo. Hace unos meses una amiga me envió un video con el método de Marie Kondo para doblar la ropa. Estas fiestas me he leído su libro super ventas La magia del orden (Aguilar). También mi hijo de once años, el más ordenado. Interesante.

Comparto con la autora una pulsión desde la infancia para disfrutar poniendo orden en los espacios. Muchas de las afirmaciones que hay en este manual las suscribo, la mayoría. Discrepo en algunas y pongo en entredicho unas pocas (lo expondré en el próximo post). La autora japonesa sostiene que hay que poner orden en nuestras casas para conseguir un estado de bienestar físico y psíquico. Cree que los objetos inanimados responden a emociones y eso le lleva a entablar diálogos con sus zapatos, prendas o con el móvil. Ya os adelanto que mimo y cuido con esmero algunas cosas pero no hablo con ellas.

La palabra clave que define el método KonMari es “desechar”. Mi fama exterminadora se queda en un chiste al lado de Kondo. Que tiemblen en casa si lo aplicamos. Para la nipona ordenar significa ponerlo todo patas arriba y tirar y organizar de un tirón. Sólo guardaremos aquellos objetos que realmente nos hacen felices. Lo haremos por categorías (tipo de objetos) y no por estancias. Así si ordenamos ropa lo aplicaremos de forma transversal: la de nuestro armario, la del recibidor, cocina, baño…de esta forma visualizaremos todo lo que tenemos y evitaremos repeticiones o incoherencias. La propuesta de Kondo invita a empezar el orden por las cosas más fáciles, coger carrerilla y cuando lleguen las cosas más difíciles tener mayor decisión.

Primero la ropa, después los libros, los papeles, los objetos varios que guardamos “porque sí”(komono) y finalmente los recuerdos u objetos con valor sentimental. Nuestra mente está más lúcida por la mañana así que hay que ponerse entonces. El poner orden nos entrena para tomar decisiones y hace que nuestra vida cotidiana sea más interesante. Marie Kondo tiene un negocio en el que ayuda a particulares y empresas a poner en orden sus espacios. La experiencia le ha hecho ver cómo se llenan bolsas y más bolsas de basura de cosas prescindibles; que esos descartes son siempre acertados y nadie se arrepiente; que necesitamos mucho menos de lo que poseemos y que un espacio ordenado supone orden en tu vida y proporciona belleza e, incluso, esbeltez. Es la magia del orden.

 

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