batedor_MinipimerEs sábado por la tarde. Un fin de semana largo porque el lunes es fiesta. Propongo ir a visitar el Museu del Disseny de Barcelona. Nos vamos con nuestro hijo pequeño. Primero a merendar. Elige un helado de dos bolas de esos sabores que le gustan. Y de ahí, al museo. Inaugurado el año pasado, está ubicado en la Plaça de les Glòries en un edificio de generosas proporciones ideado por el arquitecto Oriol Bohigas y sus socios. Las escaleras mecánicas que comunican los diferentes pisos son el primer reclamo para nuestro hijo. El objetivo es la primera planta, la del diseño de producto. Sabía que le gustaría pero una vez allí descubro cómo se entusiasma con algunos objetos conocidos, como los del casa, y con muchos otros.

El día a día de nuestras vidas está lleno de elementos que en su momento constituyeron una novedad, un descubrimiento que mejoró nuestra calidad de vida. A Gabriel Lluelles le debemos la batidora eléctrica, el famoso Minipimer, que data de 1969. Yo que soy tan aficionada a las cremas lo considero un electrodoméstico indispensable. Se ha ganado un puesto de honor en el museo, donde también hay lavadoras, planchas, secadores de pelo -de nuevo Lluelles-, ralladores, grifos, cepillos de dientes…Las aceiteras antigoteo de Rafael Marquina aunque parece que hayan existido siempre son de 1961.

Me sorprendió el plato ideado por Sebastián Alós para las tostadas, un plato blanco con salientes para apoyar las rebanadas. También la cubertería de Luki Huber para el restaurante El Bulli, piezas que conjugan modernidad y utilidad para el consumo de los diferentes alimentos. En una vitrina está la botella de agua Font Vella que desde 1998 podemos comprimir para reciclar, se reduce el volumen a una cuarta parte. Y el asador de vapor de silicona, de R. Pérez y X. Flores, comercializado por Lékué.

Son muchos los objetos que conviven en esta planta y que merecen un puesto por su innovación, originalidad, funcionalidad, por haberse convertido en un icono, por el uso de sus materiales…Encontraréis sillas, lámparas, electrodomésticos y también un Seat Ibiza o la primera moto de trial de Leopoldo Milá. Los nombres de Mariscal, Tusquets, Stark, Ricard y muchos más están detrás de estos productos, que con el tiempo permiten interpretar la vida de diferentes generaciones.

La primera TV portátil de Elbe (1965) me recordó la campaña que hizo mi hermano cuando éramos pequeños para que compráramos una televisión en color de esa marca. El cubo de fregar (1956) de Manuel Jalón desterró la imagen esclavista de limpar el suelo de rodillas. El grifo monomando (1991) de Ramón Benedito nos hizo olvidar los viejos modelos. Cada producto de esta planta del museo tiene su historia. Así que volveré con mi hijo y le pediré a Rossend Casanova, conservador del centro, que nos guíe por este recorrido de objetos de la vida cotidiana. Ya os contaré los nuevos descubrimientos.

Enlace relacionado: Asador al vapor de Lékué

 

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