vestido-amarillo-zaraCuando me voy a la cama, dejo mi móvil fuera de la habitación pero nunca lo apago. Si falta por llegar algún hijo a casa, pueden surgir imprevistos y me gusta estar localizable. Es viernes. He iniciado mi ritual para conciliar el sueño cuando oigo el sonido del teléfono. Acaba de entrar un mensaje. No me muevo. Al poco suena otro “ding”, y seguidamente unos cuantos más. Es el sistema que tienen los jóvenes de mandar un mensaje, a ráfagas, que aseguran que lo oigas. Me levanto. A oscuras leo: “Mami/me he manchado de vino tinto/ de vino tinto/el mono nuevo/amarillo/q le pongo???” Es de mi hija mayor. Son las 00,25 . Ya otro día.

Me quedo perpleja ante la situación de urgencia y mientras reniego con la cabeza me pongo a contestar. Le digo que las manchas de vino tinto se van con vino blanco. Voy a la cocina a confirmar que estamos preparados para hacer frente al percance. Al día siguiente veo su prenda en un barreño toda ella sumergida en agua con vino blanco. Escurro el vestido. Localizo las manchas y las impregno en vino blanco. A las pocas horas han desaparecido. Lo aclaro y lo meto en un programa en la lavadora. Sale limpio y con buen olor, impecable, otra vez como nuevo.

Las manchas de aceite son un clásico en casa. La primera reacción del afectado al afearle que se haya ensuciado suele ser: “¡Es sólo agua!”. Al poco, cuando constatamos que esos círculos oscuros permanecen, hay que ponerse manos a la obra. No sé porqué suele haber una mancha central redonda y algún que otro pequeño satélite en los alrededores. Me funciona impregnar las manchas con polvos de talco y que éstos absorban la grasa. Después, cepillarlas y lavarlas. Los desengrasantes de cocina también son aptos para la ropa. Hay que rociar la zona afectada y luego lavar normalmente. Tengo alguna amiga muy fan de neutralizar este tipo de mancha con lavavajillas normal.

La tinta también hace estragos en la ropa. En ocasiones por descuido y otras me consta que voluntariamente aparecen rayadas finas en la ropa, cual trazos artísticos. En estos casos, frotando con jabón suele desparecer la tinta. Otra cosa son las manchas de tinta intensa como las que se producen cuando revienta un bolígrafo en un bolsillo. Entonces desde hace muchos años pongo a hervir leche y sumerjo la zona afectada. Poco a poco la tinta va pasando del tejido al líquido. Eso sí hay que lavarla inmediatamente porque si no huele muy mal. Para que la ropa esté en buenas condiciones hay que dedicar tiempo a eliminar las manchas lo antes posible -cuanto más tiempo pasa, más difícil sacarla- y tener unos cuantos remedios aprendidos. Otro día hablaremos de esos misteriosos agujeritos que aparecen en las camisetas de uno de mis hijos. Un nuevo reto.

 

 

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