al finalLos que tenemos el privilegio de escapar de la bendita “rutina” de todo el año y hacer unos días de vacaciones fuera de casa experimentamos una doble adaptación al medio en pocos días. La llegada a nuestro destino requiere una preparación y también una instalación. Al cabo de unos días, el viaje de vuelta nos obliga de nuevo a organizar y recolocar los enseres que nos hemos llevado de nuestra casa para iniciar el nuevo curso como si tal cosa. Con los años vamos perfeccionando, simplificando -o quizá sofisticando- estas idas y venidas.

En mi caso, reconozco cierta relajación en los tiempos (ahora he ampliado el margen de organización a 48 horas) y sobre todo, agradezco la comprensión y apoyo de los míos. Sabedores de esa pulsión que me produce abrir y cerrar una casa, actúan con normalidad frente a mis, para ellos, incomprensibles comportamientos y mis múltiples excentricidades (leáse transportar plantas, fundas de cojines, adornos y, por supuesto, productos de limpieza y comida de aquí para allá). Volver a casa es siempre un placer que requiere un trabajo sostenido y continuado para que todo funcione.

Este verano el tema de las tareas domésticas ha vuelto a ocupar un buen número de tertulias con amigos. Tenemos hijos adolescentes o en vías de serlo y percibimos que en sus vacaciones -las de nuestros vástagos- sencillamente no se contemplan esas actividades inherentes al funcionamiento de una casa como poner lavadoras, recoger la cocina o hacer los baños. Hay opiniones diversas que van desde la tolerancia cero a la no colaboración hasta las que consideran que ya que son vacaciones “no discutamos por eso y tengamos la fiesta en paz”.

Pese a cierto relajo en las formas, considero que no les hacemos ningún favor a nuestros hijos eximiéndoles de participar en la dinámica del hogar. Es todavía difícil que vean las tareas de casa como algo positivo y que les aporta calidad de vida aunque me consta que la perciben y disfrutan. Una de mis hijas al volver de viaje dijo que una de las cosas que más valoró a su regreso fue meterse en su cama con el olor de las sábanas limpias y bien planchadas. Esta misma hija ha defendido el resto del verano el sinsentido de hacer la cama.

Abrimos nueva temporada de hogar. Más de lo mismo pero siempre con matices nuevos y enriquecedores. Compartiremos novedades culinarias, organizativas, de limpieza, de tiendas y establecimientos dedicados a la casa, nuevos trucos y productos. Como siempre intercambiar información doméstica es el mejor estímulo para mantener vivas nuestras viviendas.

Enlace relacionado: La vuelta a casa

 

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