Frigorífico retro de Smeg

Limpiar y ordenar u ordenar y limpiar. Ese binomio que algunos consideramos indisociable y que funciona como un todo, no siempre va de la mano. El admirado Lluís Permanyer me comentó hace años que es mucho más fácil limpiar un lugar ordenado. Primero orden y después limpieza, entonces. Llega el verano y la nevera pasará a ser un espacio muy visitado y muy manipulado. Habrá visitas decididas que buscan y encuentran; otras, indecisas y dubitativas. La puerta de la nevera abierta en un gesto rápido y cerrada a los pocos segundos. La puerta de la nevera abierta como una ventana por la que uno pasea su mirada perdida en busca de inspiración. No vale. Por el bien del electrodoméstico, de los productos que acoge y por el de nuestra economía, ahora más que nunca las visitas deben ser rápidas y fugaces.

El motor de la nevera está siempre en funcionamiento, suele estar prácticamente adosado a una pared y en pocas ocasiones hay un espacio superior de ventilación. Por eso es recomendable adelantar el aparato y limpiar bien por detrás la rejilla llena de polvo, los laterales, la parte superior y el recuadro de suelo que ocupa normalmente. Es sorprendente la cantidad de porquería que se puede acumular. Respecto al interior, ahora es un buen momento para revisar estantes y compartimentos. Siempre me ha gustado poner las cosas con un cierto criterio (el mío) de tal manera que, cuando alguien abre la nevera, le pueda indicar dónde está cada cosa sin estar delante.

Así destino un estante a los yogures, otro a las conservas, pastas y tuppers y el más elevado a las bebidas. En los modelos actuales hay un cajón para verduras y frutas y otro para productos frescos (carne, pescado, fiambres…), que suele denominarse “Fresh 0 Zone”. Cada semana cuando hago la compra reordeno las cosas y aprovecho para pasar una bayeta humedecida. Después lo seco con un trapo. Siempre hay alguna miga o algún cerco de algo que estuvo allí y que dejó una huella pegajosa (mermelada, mostaza, un bote de tomate, un paquete de queso rallado mal cerrado…).

En los departamentos de la puerta, de abajo a arriba, coloco la leche y el agua, botes y salsas varias y huevos y mantequilla. No entiendo porqué las hueveras nunca coinciden con la docena o con seis unidades. Eso me obliga a tener algunos huevos en ese espacio y otros en un estante, siempre alerta para que nadie descuidadamente les dé un golpe o, peor aún, los haga caer. ¡Qué ingrato es limpiar un huevo! Siempre tan viscoso y escurridizo.

Al llegar el verano la nevera se llena de más productos y por eso es útil acabar con algunos, revisar caducidades y “descubrir” qué hay bajo un papel de aluminio o un recipiente que lleva ahí instalado demasiado tiempo. El frigorífico conserva pero no eternamente. Forma parte de mis “manías” domésticas tener la nevera en orden y limpia. Para acabar, la superficie exterior requiere también una buena limpieza porque sea blanca o metalizada siempre hay huellas y manchas.

 

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