cesta zara

Cesto de Zara

La pequeña comunista que no sonreía nunca (Anagrama) es un libro fascinante que ficciona muchas cosas reales. Gira en torno a la gimnasta rumana Nadia Comaneci, aquella niña que en las Olimpiadas de 1976 en Montreal consiguió lo inimaginable: un diez en su ejercicio en las barras asimétricas. El marcador de Longines no estaba preparado para la más alta puntuación y, tras varios titubeos y desconcierto de los jueces, apareció en pantalla un 1,00. Era la única forma posible de visualizar esa gesta deportiva histórica. Os recomiendo la lectura del libro de Lola Lafon y también volver a ver a Comaneci en acción en youtube. Si el cesto de la ropa sucia de casa tuviera también un marcador no sé si algún día podría anunciar la, en materia doméstica, milagrosa cifra de 0,00.

Todas mis estrategias para conseguir el récord histórico -al menos en mi casa- fallan una y otra vez. Acordamos que todos los miembros de la familia depositarían las prendas para lavar en el cesto. Aquí empiezan las trabas: no siempre se cumple con la norma. Cuando divido la ropa en los dos grandes grupos de color y blanco -no es verdad que no pasa nada si se mezclan-, creo tener controlada la carga de las lavadoras. Suelo dar un aviso antes de apretar el botón de puesta en marcha y reclamo a viva voz “ropa para lavar”. Pero siempre hay quien acumula en sitios inauditos prendas varias de diferente origen y procedencia. Y cuando menos te lo esperas, aparecen en el cesto de ropa sucia, con lo cual el nivel vuelve a subir.

Así que decido hacer programas cortos con esas prendas aparecidas. Y entonces alguien vacía su bolsa de deporte o una prenda delicada que huele a tabaco o que se ha manchado de chocolate. Me pongo a reagrupar ropa de deporte de varios miembros de la familia y así acabar con esta sección. Y cojo un barreño y jabón líquido para lavar a mano esa bufanda y la aclaro, la escurro con cuidado…y a secar. ¡Buen trabajo! Creo que he conseguido acabar con todo. No. Nunca. Jamás. Al instante surgen unos calcetines -siempre en número impar- olvidados inadvertidamente en unas bambas o una toalla medio húmeda que estaba tirada encima de cualquier cama.

Hay que racionalizar el consumo eléctrico, de agua y de jabón. Así que nunca hago lavadoras innecesarias para que el gasto y el trato con el medio ambiente sea cuidadoso y sostenible. Y a pesar del esfuerzo, el empeño, la concentración y racionalización que pongo en el vaciado del cubo de la ropa sucia nunca consigo llegar a cero. Siempre el factor imprevisto y azaroso me gana la batalla. Y veo disiparse el espejismo del marcador con récord histórico.

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