libros“Vivir” y “libros” son dos palabras que tienen sentido juntas. En nuestra casa pueden estar unidas por preposiciones varias: bajo, con, entre, para, por, según…En todos los casos hablamos de una relación en positivo donde la presencia de los libros genera diferentes vínculos. Cuesta imaginar una casa donde no haya ni un solo libro. Quien más quien menos tiene en algún estante algunos ejemplares. Y cuando visitamos casas ajenas curioseamos esos volúmenes y creemos encontrar en sus títulos algún tipo de información, inclinación o pasión de sus dueños. En hogares como el nuestro, donde los libros están omnipresentes, el visitante puede caer en cierto desconcierto. También lo padecemos nosotros mismos. La pregunta más repetida ante tal paisaje doméstico es si alguien se los ha leído todos.

Estos últimos días la noticia de la muerte de García Márquez ha revivido en muchos el deseo de releer aquellas páginas que tanto nos impresionaron y recuperar algunos de sus títulos. La lectura de “Cien años de soledad” me transporta a aquel momento vital marcado por una profesora sabia y compartido con amigas de estudio, al descubrimiento de una nueva literatura. Y, aunque ya no recuerdo parte de la historia, hay imágenes y sensaciones inolvidables. También algunos nombres. Con Sant Jordi a la vuelta de la esquina lo tenemos fácil para rescatar libros desaparecidos de nuestro entorno. Cuando regalamos un libro queremos compartir con alguien la experiencia que nos causó su lectura. Por eso no hay mejor recomendación literaria que aquella que te hace un lector con entusiasmo y convicción.¡ Cuántas cadenas de lectores se generan así!

Atesorar libros y más libros es tentador pero también abrumador, en palabras de nuestra hija más científica. Poner orden en la biblioteca nos lleva a descartar algunos títulos, a descubrir repeticiones, cesiones amigas, préstamos lejanos de bibliotecas; a curiosear las anotaciones de otro, a adivinar el porqué de algunos subrayados, a encontrar papeles, tarjetas de visita, facturas o fotos de momentos paralelos a la lectura; a recordar el día que el autor nos lo firmó o a revivir la dedicatoria de quien nos lo regaló; a descubrir la fecha y el nombre del miembro de la familia que lo compró y estampó sus señas en la primera página.

Los libros que hay en casa forman parte de nuestras vidas. La limitación de espacio requiere revisiones periódicas, dolorosas para algunos, pero necesarias. Deberíamos guardar sólo aquellos ejemplares que por motivos sentimentales y/o profesionales son importantes. No sigo por aquí porque sé que el debate es complejo y que en muchas ocasiones razón y corazón no se ponen de acuerdo. Que disfrutéis de un día del libro con nuevas aportaciones a vuestra biblioteca particular. No romperé ahora el encanto de la bohemia casa repleta de libros. Otro día hablamos de cosas más triviales como limpiar libros.

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