De la mano de mi hermano Javi descubro el nuevo espacio de Jaime Beriestain en Barcelona. Hago una primera incursión un sábado por la tarde. Es de noche en la calle y los dos escaparates del local (c, Pau Claris, 167) relucen cálidos y atractivos. En esta primera visita voy con mi marido y con nuestro hijo de 9 años que quiere conocer todos los productos de primera mano. Picoteo aquí y allá queriendo disfrutar todo lo que veo pero necesito más tiempo. Vuelvo a los dos días. Bajo por paseo de Gràcia y cojo la calle Provença hasta Pau Claris. Allí, al girar hacia abajo, se encuentra este espacio único y exclusivo (nada más y nada menos que 500m cuadrados) que tiene nombre propio, el de su alma y creador, el interiorista Jaime Beriestain. Me atrae este lugar. Rezuma buen gusto y tiene ese toque especial de algunos locales que te hacen sentir ciudadano del mundo.

Beriestain (Santiago de Chile, 1969), afincado en Barcelona desde hace más de una década, es autor de la decoración de varios hoteles en diferentes ciudades como el Ausias March en la Ciudad Condal. En su local -concept store- hay arreglos florales hechos a diario, menaje, mobiliario, libros, productos gastronómicos, jabones, cojines y alfombras, objetos de papelería…y un café muy vintage donde puedes comer la fórmula Beriestain (primero, segundo y postre por 15 euros), comer o cenar a la carta, desayunar o merendar una deliciosa variedad de repostería (tarteletas de limón, cupcake de frutos rojos, tatin…).

Id y disfrutad. Si estáis lejos, aquí os dejo el enlace de la tienda para hacer un recorrido virtual.

Os señalo algunas de las cosas que me cautivaron y que anoté para convertirlas en futuras adquisiciones:

– Las velas y pulverizadores Geodesis. Espectacular la fragancia de verbena.

– Las tarjetas para invitar o dar las gracias (7e).

– Las macetas verdes de latón para ver crecer una planta aromática como la menta (12e).

– Libros para regalar a gente especial en ocasiones también especiales como Vintage menswear o Recetas para un verano italiano.

– Los pequeños frascos de cristal con sal negra de Hawai, rosa del Himalaya o al Merlot Cabernet (7e), las crackers, tapenades, rilette de la mer y otras exquisiteces.

– Los cubiertos que parecen plata envejecida, los vasos verdes, los platos con un ciervo dibujado…

– El rincón de cepillos de cerdas naturales, de escobillas y recogedores. Hay que verlo porque la descripción no puede reflejar el estilismo de esa pared.

Me gustaron sus mesas de madera, las sillas restauradas, el set de podar…y un montón de cosas más. La carta del restaurante habla del amor del propietario por la cocina, que se inspira en la de su abuela Sofía. Me apunté volver para tomar una ensalada de lentejas con verduritas y una torrija tradicional. Un descubrimiento inspirador para llenar nuestra casa con nuevos aires.

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