Per Nadal, cada ovella al seu corral”, dice un refrán catalán que se traduce como el título de este post. Si pudiéramos observar la tierra desde un mirador más allá de la atmósfera, visualizaríamos los movimientos de todos nosotros. Múltiples líneas multicolores que se cruzan al azar, que confluyen o se separan. Esas trayectorias representan distancias de diferente longitud. El tráfico intenso en las ciudades, las terminales de trenes, autobuses y aeropuertos repletas de gente… en fin, un sinfín de “ovejas” que buscan llegar a casa. La Navidad es en nuestra cultura el encuentro familiar más importante y las reuniones en nuestras casas exaltan el hogar como el destino final del mejor viaje. Compartimos muchas cosas pero cada hogar es único y exclusivo.

Y el sello que da entidad a nuestras casas lo conformamos nosotros año tras año con nuestras vivencias, nuestras tradiciones culinarias, nuestras maneras de adornar, nuestros tiempos…En casa esperamos el turrón de yema de la pastelería en la que ya compraban los abuelos, sabemos que comeremos algunas pequeñas exquisiteces reservadas para estas fechas, que pensaremos qué nos pondremos para vestir, que iremos juntos a la Misa del Gallo, que en las reuniones familiares saldrán las anécdotas repetidas año tras año que son leyendas de los de casa, que habrá propuestas para hacer planes como ir al cine, que la tarde de Navidad es un clásico que se haga de noche viendo la película Sonrisas y lágrimas con todos repartidos por los sofás…Y en cada corral, una celebración especial.

Existen circunstancias y situaciones especiales, puntuales o no, que hacen que el hogar se traslade a hospitales, centros de acogida, asilos de ancianos y otros espacios que intentan emular estos días el ambiente que existiría en su propia casa. A todos os deseo una feliz Navidad y un 2014 lleno de salud para disfrutar de esos momentos inolvidables de dulce hogar que configuran nuestras biografías.

Anuncios