Una casa no se convierte en un auténtico hogar hasta que entra el sofá o los sofás en ella. Sin su presencia, uno vaga hacia el dormitorio, la cocina, la mesa del comedor..un tanto desubicado, especialmente al final de la jornada. Pero cuando el sofá se instala en el salón la sensación de placidez y descanso se concreta. Cómo nos gusta leer, recostarnos, taparnos, estirarnos, ver la tele o charlar en el sofá. Podríamos decir que este mueble es el paradigma del calor de hogar. A la vuelta del verano, mi amiga Elena me mandó un whatsapp pidiéndome que le recordara el proceso de limpieza de estos muebles. Venía con ganas de acondicionar el nido. Le contesté y me quedé con la canción de ponerme yo también manos a la obra. Estas cosas son siempre contagiosas. Ahora que parece que el verano se aleja ya definitivamente es el momento de limpiar y acondicionar nuestros sofás.

He dedicado los últimos días a esta tarea. ¿Qué hago?:

– Primero saco todos los cojines grandes que conforman las plazas del sofá. En mi caso, hay unos que van enganchados con velcro y con una cremallera al respaldo.

– Despojado, sólo queda la estructura. Paso el aspirador por toda la superficie. Hay que utilizar una pieza alargada con boquilla estrecha para limpiar bien todas las juntas y esquinas. El espacio que separa los cojines donde nos sentamos siempre está más lleno de migas y a veces incluso de pequeños objetos. Si el sofá es de tapicería lavable de algodón o de piel se puede repasar bien con una gamuza húmeda. Yo, que tengo los sofás de chenilla, lo hago con agua y unas gotas de amoniaco perfumado. Es sorprendente comprobar que el agua se va ennegreciendo. Repaso todo el esqueleto.

– Voy lavando la tapicería en varias lavadoras con poco jabón y un programa para prendas voluminosas. Es importante que la ropa no esté apretujada sino que se lave espaciosamente para que no se arrugue ni coja mala forma. Seco las fundas en la terraza sobre diferentes superficies para evitar la marca de las pinzas.

– Aprovecho que los sofás están más ligeros para levantarlos y apartarlos de su ubicación habitual. Paso el aspirador y friego bien el suelo antes de volver a colocarlos. Muchas veces se adhieren a las patas pequeñas piedrecitas -pueden rayar el suelo- o polvo. Es el momento de limpiarlas y si es necesario cubrirlas con una espuma adhesiva o fieltro para evitar el desgaste. Aconsejo que este paso lo hagáis con alguien. Es un sobre esfuerzo importante para la zona lumbar.

– Ya secos los cojines, los vuelvo a colocar y aprovecho para recoser si hay algún desgarro en las cremalleras o alguna costura abierta. Para acabar la tarea, lavo las fundas de los cojines de decoración y hago reaparecer los plaids para el invierno que tan solicitados están.

Todo este proceso se liquida en dos o tres días. El resultado es maravilloso. El salón huele a limpio. El que lo hace tiene además la satisfacción del trabajo bien hecho y visualiza más esa pulcritud -ha visto la huella que el calor y el polvo del verano habían dejado en la tapicería-. No pasa nada si ningún miembro de la familia se da cuenta de toda esta movida doméstica. Es como cuando nadie percibe que he ido a la peluquería pero eso no quita que yo me sienta mejor. Ya sabéis que hay tintorerías y servicios a domicilio que se encargan de ese trabajo. Es cuestión de pagar. Ahora ya está todo listo para el momento sofá, todo un placer hogareño.

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