Antes de irnos de vacaciones mi marido se pasó por la acogedora librería +Bernat. Allí se encontró con Mercedes Milá, cuya familia está activamente implicada en este espacio. La famosa periodista le regaló un libro que le dijo le había cambiado la vida: La enzima prodigiosa de Hiromi Shinya (Aguilar). Mi marido me lo pasó a mí, sabedor de que me encantan los temas de alimentación y salud. Lo que no intuía es que esta lectura iba a convertirse en trending topic de nuestras conversaciones familiares. Me leí el libro muy rápido -letra grande, exposición clara e ideas que se van repitiendo- y fui dejando caer algunos datos de lo que había leído en diferentes momentos, casi siempre a la hora de comer. En contados días en los que me ausenté de las vacaciones, mi familia me mandaba fotos provocadoras con el enunciado de “practicando la enzima prodigiosa”. Allí estaban ellos con sus macro batidos de helado y leche y una sonrisa de oreja a oreja. Vayamos al grano de la enzima.

Hiromi Shinya es un médico de origen japonés pionero en la cirugía colonoscópica que se ha pasado cuatro décadas analizando el interior de intestinos de pacientes occidentales -trabaja medio año en Nueva York en el Beth Israel- y orientales y ha llegado a la conclusión de que “somos lo que comemos”. Os resumo los siete puntos de su filosofía y luego hablamos:

– El 85% de nuestra alimentación debe estar integrado por alimentos vegetales y el 15% restante por proteínas animales.

– Beber agua “buena”, mineral o dura. Un adulto debe tomar de seis a diez vasos diarios.

– Ir al baño diariamente.

– Hacer ejercicio moderado. La edad y condición física deben determinar el tipo de actividad. El exceso de ejercicio es perjudicial porque libera radicales libres.

– Descansar. Ir a dormir siempre a la misma hora y hacerlo de seis a ocho horas seguidas.

– Practicar la respiración abdominal y la meditación.

– La alegría y el amor aumentan poderosamente el poder enzimático.

Las indicaciones del Dr. Shinya a mí me parecen muy de sentido común. Para el nipón es esencial alimentar una enzima “madre” para que en caso de que el cuerpo lo necesite pueda ayudar a las 5000 enzimas de nuestro organismo que trabajan en funciones específicas. Shinya predica y se aplica su teoría. En la puesta en práctica de sus consejos es donde se despierta la polémica en casa. Por ejemplo: Aconseja masticar entre 30 y 50 veces cada bocado (¡glups!); recomienda no tomar lácteos ni derivados por todas las intolerancias y alergias que provocan (¿qué hacemos con el hábito de tomar un yogur de postre? o dejar de tomar alimento y líquido entre cuatro y cinco horas antes de ir a dormir (complicado con nuestros horarios).

Me gusta la teoría de la enzima prodigiosa porque me reafirma en que comer bien ayuda a estar sano. Lo que más me cuesta asimilar es que en su lista de productos a evitar esté el chocolate. Creo, Dr. Shinya, que ahí no te haré caso. A mis amigas e hijas aficionadas al té verde, sin excesos. Una o dos tazas al día. En septiembre me llegó La enzima para rejuvenecer, más de lo mismo pero con algún matiz. Mi padre se lamenta de que se lo haya pasado a leer a mi madre y que ella le “torture” con lo que debe o no tomar. Es también Interesante “alimentar” el debate.

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