Cuando mi hijo pequeño aún no iba al colegio, coincidía su hora de comer con el programa de Karlos Arguiñano. El se reía con sus disfraces y gafas para pelar cebolla y se sabía de memoria la canción que iniciaba el espacio. Yo lo seguía mientras iba preparando la comida. Le oí contar infinidad de anécdotas y chistes que no recuerdo y decir reiteradamente “que la enfermedad y la salud entran por la boca” -esto sí que me quedó grabado-. Gran defensor de la cocina casera y en familia, Arguiñano transmite la idea de que comer bien contribuye a estar sano.

“Me despedí de la vida…y me curé con la dieta anticáncer” (La Contra de La Vanguardia 15 julio 2013) es el titular que recoge las declaraciones de una médica de familia de 34 años que padeció un cáncer de ovarios hace cuatro años. Se sometió a quimioterapia pero declara que “cambié hábitos dietéticos y estilo de vida”. Y se curó. Sus palabras han causado múltiples reacciones. Resumo la más mayoritaria: evidentemente una buena alimentación propicia un buen estado de salud y ayuda en todo tipo de enfermedades pero no se cura un cáncer sólo comiendo bien.

La lectura del libro Anti Cáncer de David Servan-Schreiber, como ya os comenté en el blog (Dieta anti-cáncer II), me pareció un excelente manual de recomendaciones alimenticias. Lo que dice Odile Fernández en su entrevista respecto al beneficio de las verduras, los frutos rojos, las especias y plantas aromáticas o el aceite de oliva va exactamente en la misma dirección. Recuerdo un día de verano hace años en que vinieron a comer unos amigos médicos. Les acompañaba un colega enfermo de cáncer. Me impresionó su deseo de contactar con la naturaleza. Se descalzó para pisar la hierba y “absorber” energía. Amigas que han superado un cáncer han apostado por cambiar sus hábitos alimentarios y buscan en el mercado productos que sean lo más “auténticos” posible. También exploran -como recomendaba Servan-Schreiber- vías para conseguir equilibrio emocional y evitar situaciones de estrés. La persona enferma explora todas los caminos que le puedan ayudar a sanar.

El otro día me comentaba una amiga de la quinta de mis padres que desde que su marido padeció un infarto hace más de veinte años era extremadamente escrupuloso con la comida. A tal punto llegaba su actitud que no se permitía tomar un día un buen jamón. Comer es también una excelente terapia cuando se comparte y se saborean los platos. Apostamos por comer sano y saludable. También por el ejercicio físico y por la actitud positiva. No podemos controlar todo. Intentamos vivir de la mejor manera posible para que nuestro organismo no enferme. Los estudios revelan que en el caso del cáncer el porcentaje de padecerlo por predisposición genética es reducido. Hay muchos más casos provocados por causas medioambientales, por mutaciones propias, por crisis emocionales fuertes, etc, etc. Disfrutemos y eduquemos en los buenos hábitos. El verano es un excelente momento para reconducir nuestra dieta hacia metas más saludable. La abundancia de productos del huerto nos lo pone fácil.

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