Acudo con mi hija mayor a una dietista nutricionista. Mi hija ha estado en Inglaterra estudiando con un programa Erasmus. Tiene un tipo estupendo. Es alta y esbelta pero su paso por Londres le hace percibir que ha engordado algún kilo. Es posible aunque no evidente. En casa no tenemos báscula. Y en esta época resurge la reivindicación de una para prepararse para el verano. Acompaño a mi hija a la visita con la doctora porque entiendo que sienta que la terrible dieta a la que se ha sometido en los últimos meses le deje mal sabor de boca pero no creo que necesite hacer un regimen estricto bajo ningún concepto. La verdad es que es un lujo vivir en un país como el nuestro donde resulta tan fácil comer bien, variado y sano. La famosa dieta mediterránea. Me cuenta mi hija que allí “todo era muy pesado” y que la tentación de la comida rápida -léase rica en todas las malas grasas- es un gancho irresistible para estudiantes con poco tiempo.

Me pregunta la especialista que solemos comer en casa y le explico: las cremas de verduras, las ensaladas, el pescado y carne a la plancha, la fruta diaria…y salgo reforzada por el espaldarazo de la doctora: “Lo hacéis muy bien”. ¿En qué podemos mejorar? Me sugiere que es más saludable tomar  azúcar moreno que blanco o probar con edulcorantes tipo stevia. También nos recomienda que compremos sal ecológica en tiendas especializadas porque así reducimos mucho la ingesta de derivados químicos. El pan se puede comer con moderación y el chocolate negro también. Mi hija puede perder un máximo de dos kilos en dos meses pero la especialista nos dice que, en verano con el calor, sudamos más y comemos menos y platos poco pesados y, por tanto, tendemos a perder algo de peso. Tema zanjado.

De todas maneras salimos con unas cuantas fotocopias de cremas depurativas y ensaladas ligeras. Os paso algunas propuestas porque me parecen fáciles y atractivas:

Ensalada verde con frutas: lechuga, tomate, zanahoria, cebolla, endibias, 1 rodaja de piña, 1 kiwi, media naranja, pechuga de pollo o pavo (también puede ser 6 lonchas de jamón de pato) a la plancha cortada a tiras, 4 nueces y maíz. Aliñado con aceite y vinagre o limón.

Ensalada de aguacate: 1 aguacate cortado a láminas, 1 tomate grande pelado, aros de cebolla, zanahoria rallada, 150 gr de mozzarella de búfala o 200 gr de queso fresco. Aliñar con hojas de menta, aceite y vinagre.

Sopa de manzana, zanahoria y naranja: cocer zanahorias. Cuando empiecen a estar blandas, añadir manzana, sal, pimienta y un puñado de anacardos. Retirar del fuego. Añadir la naranja y triturar. Servir fría.

Sopa de berro y rabanitos: Escaldar en agua y sal un sobre de berros y un manojo de rábanos. Añadir unas gotas de aceite y unas semillas de sésamo. Triturar. Al final, incorporar unas rodajas de aguacate y zumo de limón.

Es cierto que en verano comemos más ligero pero también lo es que las tentaciones son mayores: helados, granizados, aperitivos… Volvemos a lo de siempre: no hay mejor dieta que la del sentido común. Y como la vida es contradicción hoy hemos comprado en Mercadona un spray para hacer tortitas -tipo pancakes- a la plancha. Mi hija se ha tomado una de postre. Eso sí con plátano…y ¡nocilla!.

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