Nuestros hijos acaban aliviados el colegio. Las últimas semanas con los exámenes, el inicio del calor y la omnipresente palabra vacaciones en el horizonte, hace que sean lentas y pesadas. LLegados a este punto, todos queremos pasar página. Entonces nuestras casas se llenan de mochilas cargadas de libros, de bolsas de gimnasia, de material escolar desgastado, de batas…También hay espacio para las sorpresas: aparecen prendas y objetos cuya pérdida lamentamos en su momento; se duplican ejemplares de libros de texto con dueño o sin él -ni rastro de nombre-; dibujos, notas y cartas que nunca llegaron a destino e, incluso, bocadillos dignos de análisis de todo tipo de fenómenos físicos que han permanecido en algún bolsillo de la mochila desde no se sabe cuándo. Hay que actuar con celeridad para que esa invasión de objetos que habitaban en pupitres y taquillas del colegio no se conviertan en un incordio.

Cuanto antes mejor. Es imprescindible la colaboración de los usuarios, nuestros hijos, no importa la edad. “Ya lo haré” suele ser la primera respuesta. “Estoy de vacaciones”, el acompañamiento. No, no demoremos reorganizar ese material. ¿Cómo?

– Cada niño vacía su mochila y hace la selección de material: libros, libretas, estuches, álbumes…Hay cosas que van directas a la basura. Las demás se preparan para reciclar o aprovechar el curso que viene. Es aconsejable recomponer las piezas de compases, cajas de rotuladores…para poder guardarlas en buen estado. Se acabaron los tiempos en los que uno creía obligatorio estrenar cada curso. Ahora, con criterio, se reutiliza todo lo que se pueda aprovechar. Ello implica reacondicionar libros borrando hojas o volviendo a forrar sus tapas. Es el momento de gestionar el intercambio de ejemplares entre amigos y conocidos y/o de entrar en las webs dedicadas al tema.

– Las mochilas ya despojadas de todo resto del curso, junto con las bolsas de múltiples actividades extraescolares, van a la lavadora. Dejamos que se sequen bien y las guardamos en el armario.

– La ropa de gimnasia, deportes varios y batas escolares precisan un lavado en profundidad. Vale la pena poner en remojo esa ropa, frotar y hacer un programa de lavadora más largo del habitual. Sería estupendo poder secar esas prendas al sol. Antes de plancharlas, hay que revisar los bolsillos descosidos, los botones desaparecidos, los dobladillos y costuras y comprobar que las etiquetas con el nombre y las cintas para colgar siguen ahí. Entonces es el momento de guardarlas para volver a recuperarlas en septiembre.

– Puesto que estamos haciendo limpieza de bolsas que vienen del cole, es buen momento para repasar mesas de trabajo en casa. Una cosa lleva a la otra. El resultado debería ser una imagen minimalista y nítida de sus pupitres. Sobre sus mesas los cuadernos de vacaciones y los libros de lectura y poco más.

Estas tareas no se hacen en un solo día. Los peques son resistentes a eliminar cosas y buscan el reconocimiento de todos sus trabajos. Los mayores intentan demorar estos trabajos abrumados por la cantidad de material que han sido capaces de acumular en carpetas a punto de estallar. Pero el objetivo, como hemos dicho, es hacerlo lo antes posible.

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