18-2-10-008Me comenta una amiga, que tiene a sus dos hijos estudiando en el extranjero, que cuando regresan siempre les prepara una tortilla de patatas. Coincido con ella en el carácter festivo de la tortilla de patatas. Cuando queremos celebrar un encuentro informal solemos decir: “preparo algo rápido, una tortilla de patatas y un poco de pan con jamón”. Y cómo se disfruta esa comida. Mucho más cuando se viene de fuera. La tortilla de patatas tiene formas y maneras muy diversas. Con la forma no me refiero literalmente al término. La tortilla de patatas es redonda como la sartén donde la formamos pero en cada casa tiene su personalidad. Mi madre es famosa en nuestra familia y amistades por las suyas. Le quedan estupendas. Nunca le da pereza ponerse a hacer una. La mía se parece a la suya. Ella ha sido mi maestra pero la cocción varía. En casa les gusta más bien cruda. En la de mis padres, siempre que esté bien hecha.

Hacer una tortilla lleva su tiempo. La ventaja es que siempre tenemos huevos y patatas -también herencia familiar- para improvisar una. Pelo seis o siete patatas medianas y las pongo en agua en un bol. Después de un rato, las escurro y las corto en rodajas finas. Tengo una sartén que sólo utilizo para hacer tortillas. Es básico que no se enganche. Si a una sartén  le das usos variados, se deteriora antes. La pongo a calentar con abundante aceite de oliva y echo las patatas. Las salo. El fuego lo mantengo vivo pero constantemente estoy volteando las patatas con un tenedor de madera. Pelo una cebolla pequeña y la incorporo cuando las patatas ya están un poco blandas. Con paciencia voy chafándolas hasta que quedan totalmente blandas, doradas y desmenuzadas. En un cuenco bato seis huevos. Escurro las patatas y la cebolla con una espátula y presiono bien con el tenedor de palo para que quede la menor cantidad de aceite posible. Cuelo el aceite de freír y dejo la sartén sólo barnizada por una fina capa. Entonces vuelco la mezcla de huevos y patata y dejo que se cueza un poco. Le doy la vuelta con un plato y la acabo de hacer por el otro lado. Es importante que el plato se ajuste a la medida de la sartén para que no haya desprendimientos que den al traste con la tortilla y evitemos quemarnos el brazo.

Nuestra tortilla queda como un pastel. Hay gente que prefiere que se note el taco o rodaja de patata. Cuestión de gustos. En fin, así de fácil y simple pero nadie te quita media hora o cuarenta minutos de total dedicación al tema. En los últimos tiempos he oído recursos y trucos para acelerar el proceso. No los he experimentado porque el tema de la tortilla de patatas en la familia es un clásico y no es terreno para innovar. Ahí van:

– Me comenta una amiga que en la casa de congelados La Sirena venden unos preparados de patata y cebolla ya troceados para poner directamente a freír.

– Leo en una revista que para que la tortilla sea menos calórica se pueden cocer las patatas al microondas.

– Hay quien le añade una pizca de levadura para que tenga más “presencia”.

– Una receta de cocina ultra rápida indica que puedes chafar una bolsa de patatas fritas. Entonces añades ese picadillo al huevo batido y le das forma.

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