Mi amiga Montse, abogada y excelente ama de casa, me manda un Power Point dedicado a los mil y un usos que pueden tener algunos objetos domésticos. Y, además, me sirve de inspiración para escribir este artículo sobre las perchas. ¡Gracias, Montse! Las perchas. Puede parecer un tema simple e insulso, como muchos otros de casa, pero da mucho de sí. Planteemos algunas cuestiones para adentrarnos en materia: ¿Conviven en tu armario infinidad de modelos y tamaños?, ¿las usas de plástico o de madera?, ¿te gustan las que incorporan pinzas para faldas o pantalones?, si te compras una prenda y te ofrecen la percha, ¿la aceptas o la rechazas?, ¿y las de la tintorería?…Descubrí en nuestra mudanza de casa una percha de madera con el nombre de un buen hotel inscrito en ella. Un hotel especial en nuestra historia familiar porque fue allí donde pasamos la noche de bodas. ¿Colgó mi marido allí su traje e incorporó la percha descuidadamente?

Ahora en los hoteles hay un modelo de percha que está sujeto a la barra y que no puedes sacar  totalmente. Recuerdo que hace muchos años el director del Ritz Carlton de Boston, un catalán que nos invitó un par de veces muy amablemente cuando aterrizamos en la ciudad, nos hizo un recorrido por las instalaciones preciosas del hotel. Y nos contó como ya tenían presupuestado que toallas, ceniceros y, quizá también perchas, con las regias iniciales del establecimiento desaparecieran en momento del check out del cliente. Bueno, pues a excepción de la percha del hotel, me gusta que las que conviven en el armario sean todas iguales. Ikea con sus lotes de perchas Bumerang (4,99 euros/8 unidades) en tono marrón o natural me lo ha puesto fácil. Son perchas sólidas, con una agradable forma curvada y finas al tacto. Aunque tengo algunas, me agobian las de pinzas que acaban enredándose con otras perchas, ladeadas y desmadejadas, sin equilibrio.

Las perchas de plástico me van bien para las camisas. Son tipo las que te dan en la tintorería -al menos, en la de mi barrio-. Rechazo las finas metálicas que se curvan con facilidad. Uno acaba acumulando muchas más perchas que prendas y entonces se convierten en un incordio. En los cambios de armario, aparecen por todas partes. Así que guardo unas cuantas de reserva, preferentemente del mismo color, y las otras las pongo para reciclar (no pueden ir al contenedor amarillo sino al punto de recogida del barrio). Hay un tamaño más reducido que es útil sólo cuando los niños son pequeños y sus prendas también.  Aún conservo en una caja de “incunables” unas perchas forradas de tapicería que nos regalaron cuando nació nuestra primera hija, como de casa de muñecas.

Os dejo el Power Point que me mandó Montse: pequeñas, grandes ideas, donde las perchas tienen nuevos usos.

Enlace relacionado: El recibidor de casa

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