Sí en pleno mes de mayo, con frío y tormentas, a dos pasos del verano y hoy en casa se come fabada. La semana pasada mi marido visitó de nuevo la apacible y coqueta Oviedo con motivo de la feria del libro de la ciudad. Estuvimos juntos el pasado octubre y disfrutamos de sus calles, de sus sidrerías, del paseo por el parque, del colorido de una ciudad que se viste de gala con motivo de la entrega de los premios Príncipe de Asturias y de su gastronomía con la fabada a la cabeza. En esta ocasión la maleta de regreso contenía lo de siempre: ropa, libros y papeles y algún regalito. Y además un “pack” para hacer fabada. Lo bueno de visitar lugares distintos es conocer lo autóctono y disfrutarlo. Y después hacerlo tuyo de la manera más genuina posible. Por eso los ingredientes de nuestra fabada tenían que ser de tierras ovetenses. Ha salido estupenda. Todo el mérito lo tiene la buena calidad de la materia, el tiempo y pasión que le ha puesto mi marido al cocinarla y los buenos consejos de nuestro amigo asturiano Miguel.

Ingredientes para seis personas: 600 gr de fabes de granja, 2 chorizos, 2 morcillas, 300 gr de lacón y 300 gr de tocino.

En Asturias hay dos tipo de fabes de granja: las del colmillo-las más utilizadas- y las del cura -menos gruesas y más alargadas-. La noche anterior se ponen en remojo las fabes en agua fría y también el lacón en agua templada. Para cocinarlas se colocan todos los ingredientes en una cazuela y se llevan a ebullición. Se va espumando y se mantiene el guiso en el fuego unas tres horas. Hay que ir añadiendo agua fría a medida que se va consumiendo para que siempre queden todos los ingredientes cubiertos. Por consejo de Miguel, utilizamos agua embotellada y añadimos unas hebras de azafrán. Incorporamos sal con moderación pues parte de la carne ya la aporta. Al reposar el guiso debe quedar con una salsa espesa. Si hay exceso de líquido, se recomienda colar parte de las fabes.

El resultado es un excelente plato de cuchara de esos que asociamos al invierno pero que hoy en plena primavera nos hemos comido con gusto. Reconozco que ahora mismo siento una oleada de calor que probablemente tenga que ver con la digestión. De Asturias también llegó una caja de moscovitas, unas finas pastas de almendra y chocolate. Hay un ingrediente secreto que no desvelan desde hace 80 años los confiteros de Rialto (www.moscovitas.com). Ya no queda ni una en casa. Están deliciosas y volaron en pocas horas. Si váis a Oviedo, probad también los carbayones (hojaldre, almendra, limón, yema…). ¿Apetece?

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