2013-05-11 18.06.39El título de este post suena a informe de preescolar -desde aquí mi admiración a todos los educadores-, tiene aires de reprimenda por las buenas, de súplica encubierta, de tengo algo que comentarte que no me gusta pero te lo planteo en positivo, de “no sé cómo más decírtelo”, de…. Y la verdad es que hay un poco de todo esto. Me gustaría hablar de lo que podríamos denominar determinadas inercias. Esas inercias, pequeñas, cierto, pero muy arraigadas, me llevan periódicamente a lanzar proclamas en favor de la cooperación y la implicación de todos los miembros de la familia en las labores domésticas. Reconozco que en caliente me enfado y entonces mi petición no tiene el tono adecuado. Y suena desproporcionada. Así que espero poder expresarlo mejor por escrito. Por favor, me gustaría que:

– Cuando veáis que el rollo de papel higiénico está a punto de acabar, no intentéis arrancar una pequeña porción para que quede aún un resquicio que deje ya medio al desnudo el rollo de cartón. Acabadlo, sacadlo del dispositivo y poned otro nuevo de recambio. En la mayoría de los casos, esta tarea no requiere desplazamiento por la casa. En el mismo baño hay un accesorio con algún rollo de recambio. Puestos a hacerlo bien, poned el rollo para reciclar. Y si queréis nota, dejad el nuevo rollo ya listo, desenganchando con mimo la primera capa de papel.

– Cuando tiréis algo a la basura y veáis que está hasta los topes, no hagáis malabarismos con las puntas de los dedos para que todo quepa. Sacad la bolsa, cerradla y poned una nueva. Si vais a salir, os lleváis la bolsa para tirar al contenedor.

– Cuando saquéis la jarra de la nevera y os bebáis un par de vasos de agua porque estáis sedientos, no olvidéis que el relleno es manual. A todos os gusta el agua fría -menos a mí- pero consideráis una tortura rellenar las dos jarras. Comprendo que seáis meticulosos con el estado de las jarras y su tapones. Deben estar siempre limpias. Pero ese mantenimiento también necesita manos.

– Cuando al poner boca abajo el azucarero, constatéis que no cae, no lo abráis para extraer un poco y después dejarlo tal cual. Aprovechad para rellenarlo.

– Cuando en la ducha quede poco gel, champú o suavizante; o en el baño, pasta de dientes o colonia; o en la cocina, cereales o chocolate; o en la impresora, papel o tinta, alertad de alguna manera. La más práctica es apuntar en un espacio común: libreta, post-it, pizarra…para que a la hora de ir al supermercado podamos reponer lo que escasea y evitar que nadie se quede “colgado”.

Creo que estas pequeñas inercias requieren menos de un minuto para ser corregidas. Tienen un cierto carácter universal. Cada uno tiene la impresión de que siempre las hace él. Dejemos que sea el azar que marque a quien le toca. Pero sin trampas.

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