Recientemente en La Contra de La Vanguardia el arquitecto y geobiólogo Pere León explicaba cómo la ubicación  de determinadas casas sobre zonas geopáticas (discurre agua subterránea, falla o campo magnético) podía atacar a nuestro sistema inmunológico provocando enfermedades severas. Tras vivir en sus propias carnes alteraciones de sueño y fatiga, observó cómo la distribución de los muebles y la minimización de campos eléctricos y electromagnéticos podía ayudar a evitar esas malas vibraciones que perjudican nuestra salud (www.habitatsalut.com).

En la misma dirección se encuentran los trabajos de la geobióloga Yolanda Vila que empezó hace nueve años a realizar peritajes geobiológicos. A partir de ahí desarrolló nuevas formas para conseguir armonía en nuestras viviendas  con la premisa de que somos las personas las que creamos un ambiente. Su trabajo ahora se centra en la creación de vitrales y en los cursos “Casas con sentido” que imparte. Los vitrales permiten incorporar en nuestras casas elementos de la naturaleza y aportar calidez y energía jugando con colores y texturas. ” No hay que ‘creer’ en ninguna filosofía en especial. Tan sólo hace falta mirar con otros ojos el espacio que habitamos, conocerlo y conectar con lo que realmente queremos y necesitamos. Con sentido y conciencia”.

Para Yolanda Vila los objetos que nos dan energía son “aquellos que a ti o a los tuyos os nutran, es decir, aquellos que están allí con un sentido (por su utilidad, por ser algo querido y muy apreciado, etc…). Considera que a veces las malas vibraciones proceden de una acumulación de cosas sin sentido en nuestras viviendas y apuesta por “una buena limpieza a fondo y con conciencia de nuestros espacios. Hay que respetar el espacio que habitamos, para que habite y circule la vida”. (htpp://yolanda-bioland.blogspot.com/).

Cuando escribí mi segundo libro, dediqué un breve capítulo al feng shui, corriente oriental que ahonda en la necesidad de estudiar los espacios que habitamos y que da mucha importancia a los flujos energéticos. Se considera que la iluminación y la orientación son factores básicos a la hora de escoger una vivienda. También lo es la información sobre la construcción o el tipo de personas que ocuparon antes esa casa. Los colores que representan los cinco elementos (fuego, tierra, metal, agua y madera) tienen un valor simbólico cuando los escogemos en decoración. La disposición de los muebles y la elección de los mismos también es determinante.

Todos estos estudios que hemos mencionado nos hablan de dejar fluir la energía positiva y de evitar aquellos que nos perjudique. En otro tiempo quizá no habría valorado estos aspectos por considerarlos un tanto esotéricos pero en un mundo tan convulso como el nuestro me parece muy interesante y realista sopesas estas informaciones para crear un hogar sano. El objetivo es que sintamos que nuestras casas son armónicas y apacibles- como la imagen que nos manda Rossend-; que están construidas con nuestras vivencias y que favorecen el disfrute y el reposo de todos los que entren por la puerta.

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