Hay un anuncio televisivo en el que una madre y una hija comentan por teléfono las maravillas de un producto para el lavaplatos. Se abre el aparato y aparece aquel efecto chispas de brillo relucientes en las copas y en toda la vajilla que sólo se produce en las pantallas. Al igual que esos torbellinos de limpieza que acaban en un resplandor cegador. Cosas de la publicidad. Volvamos al anuncio. La hija le comenta a la madre, o al revés -no lo recuerdo- que para ver el verdadero efecto del limpiador hay que ir al filtro. ¿Qué? Sí, sí, esa pieza que está en el suelo del electrodoméstico y que se extrae con un movimiento tipo agujas del reloj. Se desencaja y sale. Y en el anuncio aparece como nuevo, recién salido de fábrica. De verdad que eso no es el mundo real. El filtro de por sí está condenado a recoger lo que no puede eliminarse por otra vía. Y en este caso, siempre son desechos.

Mi amiga Miriam me comentó con gracia que lo de limpiar cuberteros era un planazo de domingo por la tarde. Lo del filtro no lo podemos enfocar así pero hay que afrontarlo de vez en cuando. Cero glamour. Confieso que hace unos años llamé a un técnico porque el lavavajillas no acababa de desaguar bien. Y después de cada programa siempre quedaba un dedo de agua estanca. El día que vino, sacó el filtro y me dijo que el problema residía ahí; que de vez en cuando había que sacarlo y limpiarlo. ¡Qué vergüenza sentí! No sólo desconocía que existía esa pieza sino que además quedé como una sucia de tomo y lomo porque os ahorro la descripción de lo que salió. Desde entonces, de vez en cuando me enfundo los guantes de látex y acudo a lo más profundo del lavavajillas para dejar su esqueleto impoluto.

Desmonto la tapa protectora, el filtro que a su vez se despliega en tres partes y también la hélice que está encima. Utilizo un estropajo viejo que acaba en la basura para restregar cada una de las piezas, las enjabono con detergente tipo Mistol  y las dejo escurrir. Mientras voy al hueco que ha quedado en el aparato y repaso los bordes y recovecos. Es el momento también de lavar el recipiente de los cubiertos. Recoloco las piezas y cierro el lavaplatos para hacer un lavado rápido que culmine el trabajo manual. Al abrir la máquina vacía y saber que todo está limpio uno -es decir, yo misma- siente la satisfacción del trabajo bien hecho. Existen productos específicos para mantener la máquina limpia y los expertos … recomiendan finish. Ocurre aquí lo mismo que cuando ordenas un cajón de medicinas, de cables y bombillas o de material de escritorio: tarea invisible a los ojos de los demás y quizá demasiado ligera para comentar. En el caso del filtro del lavavajillas, revierte en el mejor acabado del lavado. Sin restos de comida en las piezas pero también sin chispas de anuncio.

Enlace relacionado: De cómo llenar y vaciar el lavavajillas

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