En épocas de cambio estacional, que suelen coincidir con vacaciones escolares, padezco diferentes versiones del llamado síndrome del nido. Es decir, se me acentúa el instinto de orden y limpieza y me vuelvo más meticulosa con ciertos aspectos. Sin duda, los aires nuevos que percibimos a través de la luminosidad y la temperatura se instalan en nuestras casas y nos empujan a pequeños cambios. Es el momento de lavar cojines de sofás, de cambiar mantas por plaids de algodón, de empezar a dar color con flores, de guardar abrigos y jerséis gruesos y de hacer una primera limpieza de nuestros armarios. Pero por encima de esas inercias hay una que prevalece: la de mantener la cocina siempre limpia. Su uso cotidiano obliga a un buen mantenimiento para un mejor disfrute. Hay tres puntos que requieren especial atención:

1. Cuberteros y recipientes para guardar útiles de cocina.

Nos pasamos el día cogiendo y guardando cubiertos. Tengo por costumbre colocar las diferentes piezas en orden en el compartimento de lavado del lavaplatos. Es decir, tenedores con tenedores, cucharas con cucharas, cuchillos con cuchillos…y también según los diferentes tamaños. Eso facilita enormemente la tarea de recolocación. Entonces hay quien los deja en caída libre hasta su compartimento o quien como yo se entretiene en ponerlos bien alineados pegaditos uno a otro. Opción cuestionable aunque estéticamente no hay color. En todos los casos acaban colándose migas y pequeños restos de alimentos en los casilleros de los cuberteros. Es aconsejable vaciarlos con frecuencia; enjabonar esos cajones, pasar una bayeta húmeda  y secar para colocar de nuevo las piezas. Es un buen momento también para eliminar algunas piezas en mal estado y pequeños objetos que no sabemos bien bien como han ido a parar allí. Ocurre lo mismo con los botes que tenemos con cucharones y pinzas junto a los fuegos.

2. Armario de la basura

El armario que está situado bajo el fregadero suele ser uno de los más utilizados y a veces con las prisas no acabamos de encestar siempre con los desperdicios. Hay que sacar el cubo, y limpiar bien la superficie del armario -es útil protegerla con una alfombrilla de plástico de las que venden por rollos en Ikea o con una bayeta amplia-. Solemos guardar allí algunos productos de limpieza que también hay que revisar periódicamente. El cubo de la basura agradece una buena ducha porque el mero hecho de cambiar la bolsa hace que se roce. Como os comenté hace tiempo, suelo poner un poco de papel de periódico en el fondo de la bolsa de basura para prevenir goteos.

3. Zona de extracción

Las actuales campanas extractoras tienen unos filtros de fácil manejo. Me gusta limpiarlos asiduamente. Suelo frotarlos primero con un producto antigrasa, repasar con un estropajo si hay alguna mancha más resistente, aclararlos y darles un lavado final en un programa del lavavajillas -lo hago recientemente-. Con una bayeta repaso las entrañas del extractor. Siempre se cuela grasa. La parte exterior la limpio con agua y la repaso con un trapo seco. Según el acabado de la superficie son útiles algunos productos especiales.

Enlace relacionado: Limpiar la cocina extractora de la cocina

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