Cada vez más se imponen las pantallas de televisión de grandes dimensiones. Cuando las ves en la tienda, que suele ser un macro-espacio, no alcanzas a calcular qué consecuencias pueden tener ciertas televisiones en ciertas casas. Las actuales pantallas panorámicas son más grandes y ofrecen mejor resolución que las de hace unos años y uno termina comprando un modelo más grande del que debiera. La verdad es que un aparato de televisión no acaba de quedar bien en ningún salón. Fijaos en las revistas de decoración donde los salones lucen apacibles entre sofás, chimeneas, butacas, alfombras y mesas auxiliares. El mundo real hace que en nuestros salones se acomoden todos esos elementos y además el televisor. Las pantallas planas permiten opciones decorativas más ligeras, por ejemplo, colgadas a la pared. En los otros casos, se requiere un mueble donde depositarla. Lo más racional es ajustar las medidas de nuestra casa con los muebles, incluido el televisor.

Pantallas gigantes y proyectores quedan reservados a grandes espacios. Y el que lo tiene disfruta de imágenes casi de sala de cine. En casa tenemos una televisión en el salón que se ciñe a nuestras dimensiones y una pequeña en una pared de la cocina. A mis hijos adolescentes les encanta reunirse con amigos para ver una película en casa. Los ingredientes del plan incluyen sofás compartidos con mantas, palomitas y luces apagas. Y aquí surge el tema de hoy: ¿Cuál es la iluminación correcta para ver la tele?

Hace tiempo mi amigo Rossend, que siempre enriquece con sus aportaciones este blog, me mandó la foto que ilustra este artículo. Hace años en casa de unos amigos franceses observó que tenían una luz detrás del aparato que sólo encendían para ver la tele. Le comentaron que estaba comprobado que al mirar la pantalla fijamos mucho la vista en un punto y que esa luz estratégicamente situada relajaba la vista. Así que mi amigo se hizo con esta teoría y la puso en práctica de esta original manera. Colocó un jarrón de cristal lleno de pequeñas bombillas. Tiene de diferentes tonos y las cambia en función de la estación. Así las azules y blancas son para el verano y las naranjas y rojas le proporcionan más calidez en invierno. Están discretamente conectadas a la corriente por la parte trasera y constituyen un elemento decorativo. Ha ubicado el jarrón junto al televisor por motivos estéticos, en lugar de detrás.

Los expertos consideran que existen unas medidas mínimas de distancia entre el aparato y nuestros ojos. Por ejemplo, para una pantalla de 32 pulgadas la distancia mínima es de 1.40 m. Si te ajustas a esta banda, se puede visionar la tele a oscuras. En los demás supuestos, es mejor optar por una iluminación ambiental que no sea excesiva y que respete siempre los reflejos en la pantalla. La ubicación del televisor debería considerar también la fuente de luz natural y situarlo en lo posible de espaldas a ella. Y, sí, lo que Rossend observó en Francia está comprobado: una luz tras la tele en dirección a la pared o unos leds evitan la fatiga ocular y mejoran la visión de la imagen en profundidad, contraste y colorido. De hecho la casa Philips comercializa pantallas planas de plasma y LCD con sistema de retroiluminación. Las denominan ambilight y ahora las están ampliando a las pantallas de ordenador. La luz que se genera tras la pantalla relaja la vista. Los oftalmólogos recomiendan también no mover la cabeza en plan partido de tenis y parpadear con frecuencia para que no se seque el ojo. Lo que escogemos ver en la pantalla y sus consecuencias es otro cantar.

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